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viernes, 30 de diciembre de 2016

En busca del tiempo perdido.

Arropados por luces rutilantes, en escaparates, góndolas y expositores pomposamente engalanados, miles de productos y artículos porfían por seducirnos en la vorágine consumista que escolta a las fiestas navideñas y de fin de año; después de Reyes, espera una nueva oleada de estímulos que, a modo de “manteros” y mercaderes playeros, izarán la bandera de “barato, barato” para maltratar de nuevo a nuestro ya menguado peculio.

¿Realmente necesitamos todo lo que vamos a comprar? Mientras los economistas enfatizan el consumo como motor fundamental e irrenunciable de la economía, en la calle se plasman vastas colas de impacientes compradores a la espera de su turno, siempre con el temor de que las existencias se agoten o la ganga se esfume. ¿Compro ahora o espero a las rebajas?; ¿encontraré mi talla, sabré elegir, descubriré una tara...? No existe otra duda vital ni cuestión trascendental que se aleje del miedo a desperdiciar la oportunidad, pero, entre el periplo infinito por mostradores y escaleras mecánicas, deslumbrados por las páginas de la prensa rosa y las imágenes de la telebasura, lo único que con seguridad perderemos es el tiempo. La locura de la compra compulsiva no se limita a diciembre y enero, por supuesto, pero es ahora cuando mejor se percibe cómo se escapa ese bien intangible que nunca aprendimos a valorar: el tiempo.

El tiempo perdido nunca regresa y cuando ansiosamente intentamos rememorarlo, fluye raudo entre los dedos sin dejarse atrapar. Es entonces cuando el peso de la inutilidad nos aplasta; es entonces cuando lamentamos la fugacidad de nuestra existencia ofuscada, colmada de propósitos vanos y objetivos ficticios. ¿Habremos de permitir que una vez más nuestro espíritu crítico sucumba aletargado por las luces de neón?

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 30 de diciembre de 2016.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Aprender a leer, leer para aprender  (comprensión lectora)

Por fin, de acuerdo con el último informe PISA, el rendimiento de los alumnos españoles ha alcanzado el nivel medio de la OCDE, si bien la promoción se debe más al declive de este índice de referencia que a un progreso real del alumnado; nuestro país se ha equiparado en cuanto a Ciencias, está levemente por debajo en Matemáticas y algo por encima en comprensión lectora. Cabe resaltar que el avance guarda relación con la mejoría de los alumnos con peor evaluación, por lo que se ha producido sin incrementar las desigualdades. En todas las competencias, Aragón está claramente por encima de la media.

Aunque el avance real obtenido en el PISA pueda parecer poco significativo, sí lo es el hecho de que hayan mejorado los resultados de los alumnos más rezagados, tanto más porque en España es muy elevado el porcentaje de quienes tienen que repetir curso, pues cuando las diferencias de rendimiento en el aula son excesivas se perjudica el ritmo de toda la clase y, en especial, de los más preparados; la desmotivación es, tal vez, la peor lacra que la escuela ha de afrontar. Otra buena noticia de este informe es la evolución de la comprensión lectora, en claro progreso durante los últimos años y ya por encima de la media de la OCDE y de la UE. Sin duda, en la base de todo aprendizaje se encuentra la comprensión de aquello que se lee y se estudia; ello es obvio por lo que respecta a las Humanidades, pero también para las ciencias en incluso para las matemáticas.

En palabras de Andreas Schleicher, director del PISA, “La calidad de la educación nunca será mejor que la calidad de sus profesores”. Sin embargo, la competencia de los educadores no depende únicamente de su propia formación y del sistema de enseñanza; también requiere el respeto y colaboración de los padres de los alumnos.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 23 de diciembre de 2016.

sábado, 17 de diciembre de 2016

¿Energía limpia?

Por mucho que aún persistan voces abanderadas del negacionismo, el calentamiento global es hoy un hecho irrefutable, así como también parecen obvias las trascendentales secuelas asociadas a un fenómeno al que la humanidad se enfrenta desarticulada y al que tampoco se muestra dispuesta a combatir con suficientes recursos. La presunta reducción en la emisión de gases contaminantes a la atmósfera o el ahorro energético son solo facetas a las que hay que añadir indefectiblemente una producción energética compatible con la salud y el desarrollo actual y futuro del planeta.

¿Hablamos de energía limpia? España, tras una utópica y entusiasta incursión en el sector de las renovables, con especial mención de la producción fotovoltaica y eólica, ha experimentado un serio declive del empuje inicial, fruto de la renacida apuesta por los combustibles fósiles para la generación energética. Si bien el balance en la implantación de las renovables pudo ser desfavorable antaño y a corto plazo (exclusivamente en términos económicos), los avances tecnológicos han invertido ya tal circunstancia; también se pueden objetar ciertos inconvenientes y perjuicios propios de cada opción, ciertamente quizá no tan limpias como suele aducirse, pero cuya problemática parece nimiedad en comparación con el deterioro medioambiental provocado por otras alternativas.

Para un desarrollo adecuado de las energías renovables es preciso un marco de seguridad jurídica y una apuesta decidida de la Administración; para una solución mundial a la emisión de gases de efecto invernadero, se hace necesario un compromiso efectivo también global. Pero mientras que ambas condiciones parecen lejos de cumplirse, los ciudadanos sí podemos hacer algo: somos responsables de nuestro propio ahorro energético.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 16 de diciembre de 2016.


sábado, 10 de diciembre de 2016

Los crocodilos.

Cuando lingüistas y psicólogos analizan los vínculos entre pensamiento y lenguaje, resulta aventurado concluir en qué medida uno determina al otro, ni cuál de ellos domina una relación que unánimemente se considera incuestionable; parece obvio, no obstante, que nuestra forma de hablar depende de cómo somos y pensamos, pero tampoco se puede ignorar que el estilo de la comunicación influye significativamente en nuestra propia forma de concebir el mundo que nos rodea.

La lengua está en permanente evolución, adaptándose a las necesidades de los hablantes y a su particular idiosincrasia, por lo que es habitual que desobedezca las normas lógicas para la elaboración del léxico, con particular desprecio de las pautas académicas. Así, de acuerdo con su etimología, no deberíamos decir cocodrilo, sino crocodilo, o muciélagos y cocretas en lugar de murciélagos y croquetas. De ello precisamente trata el libro coordinado por el académico Julio Borrego y editado por el Instituto Cervantes, donde se estudian numerosos vocablos en litigio e incluso se llega a establecer un pronóstico sobre su vigencia futura. Además de incidir en la prevalencia del uso coloquial, en la obra se indican también ciertas peculiaridades que apuntan a diferencias de género en el uso del vocabulario.

Por mi parte, no dejo de pensar en cómo Juan Ramón Jiménez porfiaba en preservar los hábitos fonéticos y escribir tal como se habla, en tanto que otros autores, como Juan Goytisolo, han defendido la experimentación creativa hasta el punto de prescindir del canon establecido. La RAE, siempre muy al tanto del habla popular, suele terminar por transigir y adaptar sus normas y recomendaciones en favor del mejor español posible; en definitiva, si la calle apuesta por cocodrilo... será cocodrilo.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 9 de diciembre de 2016.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Consenso para la educación.

El consenso, eje cardinal de la transición, se desvaneció en un brumoso limbo del que apenas teníamos ya noticias, sea como añorada memoria o, aún peor, para calificarlo de ingenuo e inalcanzable objetivo.

La ausencia de concordia acostumbra devenir en nefastos resultados; en el ámbito político y dadas las periódicas alternancias de gobierno, tal rotación tiende a revertir las iniciativas implantadas por los gabinetes anteriores; efecto particularmente adverso en la educación, tan necesitada de estabilidad como sufrido objeto de sucesivas reformas y contrarreformas. Es presumible que la fragilidad del sistema educativo español contribuye en gran medida al fracaso escolar y bajo rendimiento, tan reiteradamente evidenciado por los informes PISA. Un profesorado voluntarioso pero desorientado por ordenanzas contradictorias y sometido a un esfuerzo permanente de adaptación, no puede sino intentar salvaguardar en lo posible los efectos negativos y carencias del sistema que, en definitiva, siempre recaen sobre el alumnado.

Por ventura, consenso y diálogo parecen estar a punto de resucitar; de hecho, ahí está el esperanzador acuerdo recientemente alcanzado en torno a la polémica recuperación de las reválidas. Este es el camino; sin duda, existen muchos puntos en común que pueden ser aceptados por una gran mayoría y otros sobre los que, tras un constructivo debate, se puede alcanzar la deseable avenencia. Pero es imprescindible un compromiso mutuo de respetar los acuerdos logrados: no se trata de pactos provisionales, sino de sentar la base firme de un entendimiento que pueda superar los ineludibles cambios y juegos de poder que las urnas han de brindar en el futuro. ¿Acaso es posible partir de cero cada cuatro años?

Publicado en El Periódico de Aragón el viernes 2 diciembre 2016.


lunes, 28 de noviembre de 2016

Pueblos vivos.

Una constante en el territorio aragonés es su tendencia a la desertización, hoy agudizada por el éxodo rural. La urbe es un gran agujero negro que absorbe el futuro de los pequeños núcleos inexorablemente envejecidos, pues son los más jóvenes y emprendedores los primeros en abandonar el terruño, en pos de las oportunidades soterradas en el hábitat de la gran ciudad. Se trata de un antiguo conflicto que de forma secular ha frenado el desarrollo de nuestra Comunidad y que en las últimas décadas del siglo pasado borró del mapa una ingente cantidad de pequeños pueblos, además de comprometer severamente la supervivencia de otros no tan reducidos, privados de los servicios más elementales.

Si la repoblación ha sido una aspiración ancestral, hoy supone la fórmula revitalizadora para garantizar la pervivencia de muchas localidades, como Salas Altas, villa ubicada en las proximidades de Barbastro. Inma Subías, toda una vida dedicada a la enseñanza y hoy regente de este municipio, es el adalid de una iniciativa que brinda casas vacías de la localidad a familias que puedan asumir un compromiso de residencia. El proyecto, difundido a través de las redes sociales, ha tenido una gran acogida, por lo que la vitalidad de nuevos niños alegra ya las añejas paredes de la escuela, a la vez que respalda su permanencia, amenazada de cierre por falta de alumnos.

Viene a mi memoria el feliz recuerdo de una novela juvenil de gran éxito en su momento: “Cinco panes de cebada”, de Lucía Baquedano; su protagonista es una joven maestra cuyo primer destino es una aldea remota en la que, tras la decepción inicial, descubrirá los valores de la vida rural y aprenderá a amar las bondades de una vecindad sencilla y pegada a la tierra; próxima y que respira libertad. Una calidad de vida que nos parece ajena a la baraúnda urbanita del asfalto y cemento y que ha guiado hasta aquí a David y Nuria, junto con sus cuatro hijos. Muy pronto, otra familia más, también amante de la vida sencilla y natural, se unirá a ellos; Salas Altas es una población que quiere seguir viviendo, que está viva. Y en sus calles, se escucha con fuerza una música celestial: la risa infantil.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 25 noviembre 2016.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Justicia justa.

En palabras de Carlos Carnicer, “la Justicia es el corazón de nuestra convivencia”. Por ello es fundamental el respeto a jueces, fiscales y letrados de la Administración de Justicia como leales servidores en la defensa de los derechos humanos. Ciertamente, nadie está libre de error, pero la crítica fácil y radical de algunas sentencias y asuntos jurídicos es tan habitual como rudimentaria, sin reconocer el inmenso trabajo que la gran mayoría de estos profesionales realiza con plena dedicación y medios precarios. Se acusa a la Justicia de lentitud, sin tener en cuenta las prolongadas jornadas laborales a que voluntariamente se someten sus funcionarios, los mismos a quienes también se recrimina falta de independencia, pero... ¿cuándo como hoy, tantas personas poderosas e influyentes se han visto sometidas a un proceso judicial?

Las leyes no las hacen los jueces, pero sí las interpretan y han de ser su única guía. En pro del bien común, es necesario tanto que las primeras sean justas como que su aplicación se adapte de forma razonable a los requerimientos de cada situación, algo bien difícil cuando se escatima el número de juristas implicados y los condicionantes limitadores florecen sin proporción, pese a que la dilatación de los procesos e incumplimiento de plazos no son sino germen de arbitrariedad.

Por desgracia, los más vulnerables son quienes más pierden; quienes más precisan una reparación y peor pueden afrontar las deficiencias y errores derivados de una estructura parca en medios y poco operativa. Una Justicia justa, además de ecuanimidad y sensibilidad, requiere recursos tanto materiales como humanos. No basta con la voluntad y esfuerzo de unos profesionales que, después de ganar una dura oposición, intentan subsanar con su sacrificio personal las carencias del sistema.


Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes, 18 noviembre 2016.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Gratas nuevas.


Cuando el cielo parece caerse encima de la Tierra, nunca faltan noticias que redimen al hombre que la habita. Y es que, por encima de los vozarrones tremendistas cargados de radicales mensajes apocalípticos, siempre se cuelan pequeños detalles para abrir una ventana de esperanza al futuro.

Merece la pena comentar un suceso cuyo escenario ha sido el Colegio Minte de Monzón y sus protagonistas un profesor, Javier Mur, y un grupo de niños que se solidarizaron con su compañero, afectado por el cáncer, una dolencia siempre temible y mucho más cuando alcanza a quienes tienen toda la vida por delante. El maestro planificó una serie de actividades, conocida como “Proyecto Guillén”, para trasladar al enfermo el día a día de la clase: los alumnos grababan en vídeo los contenidos tratados y realizaban presentaciones; así, cuando finalizó el largo y duro tratamiento terapéutico, el pequeño pudo reincorporarse al aula como si su larga ausencia no hubiera tenido lugar. La complicidad y colaboración de toda la comunidad escolar obraron el milagro, realzado por unas excelentes calificaciones. Ahora, la labor de este docente ha sido reconocida por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, a través del premio Francisco Giner de los Ríos, galardón que también ha distinguido la labor de Mª Aranzazu García y Paloma Rocafull, del CEIP Emilio Díaz de Alcañiz, por estimular el pensamiento creativo a través de la música.

Nunca faltan gratas nuevas entre el caudal informativo que a diario puede recogerse un poco más allá de la primera plana; noticias que habitualmente son menospreciadas, a pesar del maravilloso valor que encierran como símbolo y bandera de todo lo bueno que siempre puede encontrarse en la faz de una sociedad tan, a menudo justamente, vilipendiada.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 11 de noviembre de 2016

sábado, 5 de noviembre de 2016

Turismo de otoño.


Entre las claves promocionales del turismo en Aragón, figura una creciente desvinculación estacional. Hasta tiempos muy recientes, los alojamientos turísticos solo se llenaban durante la temporada más rigurosamente estival y en los cortos periodos de afluencia masiva, como Semana Santa. Así mismo, el turismo relacionado con los deportes de invierno o el auge de las estancias en balnearios suponían únicamente una excepción, restringida a unos enclaves territorialmente acotados y con un potencial limitado de expansión.

Por fin, el otoño, colmado de color y magníficas perspectivas, ha entrado de lleno en la oferta turística, saturando de visitantes los alojamientos disponibles. Durante el pasado puente de Todos los Santos, con la intercesión de una agradable meteorología, se han alcanzado cifras muy superiores a las de años anteriores, a lo largo y ancho de nuestra Comunidad, con especial incidencia en el Sobrarbe, Maestrazgo y comarca moncaína. Tal éxito supone, sobre todo, la consolidación de una tendencia que crece con fuerza imparable, dispuesta a borrar un hueco otrora paupérrimo del calendario. Ello supone un sustancioso impulso económico que llega mucho más allá del exclusivo beneficio de las empresas directamente ligadas a la industria turística, eje fundamental del desarrollo aragonés. Sin embargo, Zaragoza ha quedado al margen en cuanto a ocupación hotelera y flujo de visitantes; mala noticia para un comercio que a duras penas intenta todavía eludir el luctuoso eco de una crisis interminable. Tan solo las tiendas de disfraces se han librado del batacazo, merced a la popularidad de una extraña fiesta, Halloween, ajena a nuestra cultura y tradición.

Festejos, conmemoraciones, nuevas iniciativas y colores de otoño... sean turísticamente bienvenidos.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 4 de noviembre de 2016


domingo, 30 de octubre de 2016

Premios


Cuando los lances políticos y los desmanes de sus protagonistas nos agobian con un empacho permanente, suscita un gran sosiego la inmersión en programas de música clásica como Sinfonía de la mañana, de RNE. También resulta muy alentadora la noticia de que su presentador, Martín Llade, se haya hecho acreedor al Premio Ondas 2016 otorgado por la SER. Martín, también escritor y guionista de cortos, encarna la alternativa cultural frente al morbo y la vacua fascinación propias de la telebasura, que tanto recuerda el “pan y circo” romano y su seductora facilidad para alejar al pueblo de la reflexión y la crítica.

Los premios pretenden ser un reconocimiento del trabajo bien hecho, lo que no implica siempre una acertada concesión y aún mucho menos que los no recompensados ostenten insuficientes méritos. Los premios son, sobre todo, la opinión de un jurado significativamente tendencioso, basado en argumentos y condicionantes que, en ocasiones, limitan su visión a una pequeña fracción de la realidad. Por ello, el resultado de prolijas deliberaciones resulta a menudo tan sorprendente como la concesión a Bob Dylan del Nobel de Literatura, con el exclusivo argumento de “haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción”. La cuestión no estriba en juzgar si Bob Dylan es o no es merecedor del galardón, frente a candidatos con mayor peso; la cuestión reside en comprender que el fruto de las lucubraciones de un jurado es solo una opinión, siempre respetable como tal.

En este mundo-espectáculo poco nos puede ya asombrar. Pero cuando el premio es tan relevante como la presidencia de los EE.UU. y al mismo optan personajes como Donald Trump, existe motivo de preocupación. Aun cuando el jurado sea la propia ciudadanía.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 28 de octubre de 2016

sábado, 22 de octubre de 2016

Día de las escritoras

A iniciativa de la Biblioteca Nacional se ha instituido el Día de las escritoras, con periodicidad anual y orientado a paliar la invisibilidad en la que ha persistido inmersa gran parte de la literatura desde tiempos pretéritos, pues tanto el punto de vista femenino como la especial sensibilidad de la mujer para abordar cualquier tema han permanecido demasiado ausentes, cuando no adulterados, en la letra impresa. Desde Teresa de Jesús, acusada por la Inquisición como autora de letras sublimes, y Sor Juana Inés de la Cruz, genuina y brava defensora de la igualdad de género, hasta Carmen Martín Gaite, ya muy próxima a nuestros días, los avances han sido, ¿por qué negarlo?, extraordinarios; sin embargo, queda aún tanto camino por hacer... Si en pleno Siglo de Oro, el catálogo de escritoras era tan reducido como insólito su pensamiento, todavía en el XIX Pérez Galdós recalcaba en “Tristana” únicamente tres opciones existenciales para la mujer: el matrimonio, la profesión de cómica y la prostitución. Quizá omitió el convento, esotérica vía por las que nuestras místicas consiguieron trasladarnos sus magníficos textos.

Tampoco encontró demasiadas facilidades la generación de autoras que inmediatamente nos ha precedido. Carmen Martín Gaite se inspiraba en la calle, en el escenario más realista y auténtico, para retratar una sociedad que valoraba despectivamente el espíritu femenino, subordinando plenamente el ser de la mujer a los designios masculinos; esclavitud tácita que en el ámbito literario conminó en el pasado a muchas escritoras a publicar bajo seudónimo. Los tiempos cambian, sí; pero la crisis cultural tiende a lograr la igualdad más bien depreciando la vocación de escribir, sin tener en cuenta para ello el género del autor.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 21 de octubre de 2016

sábado, 15 de octubre de 2016


Autores en el limbo

En contra de quienes aún sostienen taxativamente que el libro es el pilar de la cultura, la triste realidad demuestra la progresiva decadencia del hábito de leer, con la penosa e ineludible secuela de que también en la misma medida desfallecen el espíritu crítico y la libertad de juicio. Quizá, en memoria del papel cardinal que el libro ha mantenido históricamente en la evolución del pensamiento desde la implantación de la imprenta, todavía le quedan a la letra impresa algunos etéreos defensores en los más elevados estamentos de los poderes político, social y económico; sin embargo, pocos, muy pocos, parecen caer en la cuenta de que detrás de cada libro hay un autor. Para ellos, ni cielo ni infierno; solo un infausto ostracismo en el limbo de la Cultura.

Si la promoción del libro no es, desde luego, una prioridad para nuestros gobernantes y acreditados próceres; ¿qué tiene de extraño que tampoco lo sea en la calle?, ¿cuántos niños o adolescentes aspiran hoy a ser mañana autores de renombre? Mathilde de Pomès, eminente hispanista gala, cuyo epistolario se expone en la Biblioteca Nacional, mantuvo una intensa relación con las principales figuras intelectuales durante la primera mitad del siglo pasado; de estas cartas se desprende que ya entonces existían para los autores grandes dificultades para subsistir merced exclusivamente a su actividad literaria; también se deduce el inmenso protagonismo masculino y se muestra el profundo foso de género propio de la época, a pesar de la destacada presencia de mujeres como Zenobia Camprubí, Margarita Bonmatí o Gabriela Mistral.

Desde entonces, desde siempre pues ya lo padeció Cervantes, el abandono institucional es flagrante y sin visos de solución. Y en eso no existe distinción de género.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 14 de octubre de 2016.

jueves, 13 de octubre de 2016

Rey Ardid.

La Fundación Rey Ardid cumple su 25 aniversario: un cuarto de siglo de plena dedicación a las personas más vulnerables de nuestra sociedad y de afán por combatir la pobreza y la desigualdad, generando entornos donde florece la autonomía personal y mejora la calidad de vida. 

La Fundación se dedicó en su origen al tratamiento de enfermos mentales con el objetivo de normalizar su vida, cuando todavía estaba muy presente el estigma de la locura y una visión excluyente de los trastornos de la conducta; en mi última novela “Soles en el mar” recuerdo los terribles tratamientos que se aplicaban antaño y la evolución fundamental que ha experimentado la psiquiatría durante las últimas décadas, transformación que culminó con la desaparición de los manicomios, establecimientos que más bien parecían órganos de ocultación y reclusión.

No tardó la Fundación en ampliar sus objetivos para dar cabida a cualquier persona en riesgo de exclusión, con particular hincapié en la formación y empleo, para lo cual mantiene una intensa y fructífera relación con otras organizaciones e instituciones y dispone de la ayuda de un equipo de voluntarios altruistas; tampoco faltan las colaboraciones personales y empresariales, pues no en vano el diálogo social y la participación destacan como valores esenciales que vertebran las actividades del Grupo Rey Ardid. Entre las áreas actuales de trabajo, figuran los mayores y los menores; dos generaciones diametralmente opuestas entre las cuales la Fundación ha tendido un provechoso y creativo puente que redunda en el intercambio de experiencias y apoyo mutuo; un buen ejemplo es el cuidado de personas mayores por parte de jóvenes alojados en su domicilio.

Sin duda, 25 años de fecunda y ejemplar labor.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 7 de octubre de 2016
Aldeas Infantiles SOS.

Pues el delito mayor del hombre es haber nacido», se lamenta Segis-mundo en La vida es sueño, el famoso drama de Calderón. Tras el desastre de la II Guerra Mundial, fue ingente el número de niños desamparados sin hogar, abandonados a su suerte. Se hacía imprescindible una actuación urgente, orientada a paliar el terrible destino de estos huérfanos. Nació así Aldeas Infantiles SOS, de la mano de Hermann Gmeiner; desde entonces, las grandes migraciones huyendo de catástrofes, de la guerra o del hambre, han sido una constante en un mundo donde la miseria o la sinrazón se bastan por sí solas para desencadenar una secuencia de desafección en la que los niños constituyen las víctimas más significativas. Hogares rotos o, simplemente, inexistentes son el germen de un estigma cuyas secuelas gravarán de por vida el futuro de estos chiquillos. Aldeas Infantiles proporciona lo más parecido a un hogar a quienes no pueden encontrar el suyo, prolongando su intervención hasta la completa emancipación de los jóvenes. Su contribución se vuelca tanto en aspectos afectivos como materiales, con particular cuidado en no separar a hermanos biológicos. En la actualidad, esta ONG se extiende por 133 países, localizándose una de sus 546 aldeas en Villamayor de Gállego. Su labor es tan eficaz como callada, ajena al aplauso fácil y a fachadas altisonantes; por ello el reconocimiento que supone el reciente premio Princesa de Asturias de la Concordia ha de valorarse con especial cariño. En palabras de Pedro Puig, presidente de Aldeas en España, «Este es un premio para todos los niños». Por fortuna, nadie como ellos, cuyo único delito es haber nacido, responden tan maravillosamente al cariño, cuidados y atenciones que reciben.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 30 de septiembre de 2016

domingo, 9 de octubre de 2016

Cualquier tiempo pasado fue peor.

La vida cotidiana parece saturada de ignominia y corrupción; ¿acaso nos ha tocado vivir en un tiempo devastado por el vicio y la injusticia? El pesimismo tiende a invadirnos cuando leemos, escuchamos o vemos los informativos de los medios de comunicación, pero no es vano ejercicio abrir los ojos y mirar un poco más allá. O, mejor, un poco más acá, mientras nos llegan las risas alegres de niños jugando y observamos un corrillo espontáneo de trabajadoras disfrutando de una breve pausa en sus tareas, aun a pesar de que quizá el tema ineludible de su charla estribe en el azaroso devenir de su futuro laboral.

Eso es: en la calle, el mundo no parece tan horrible. Hay paz, entendimiento y un mínimo respeto, que prevalecen sobre la manifiesta violencia reinante en las páginas de sucesos. Sin embargo, las hambrunas catastróficas no son algo nuevo, ni tampoco las penosas migraciones masivas de refugiados, la violencia sexual o los abusos infantiles. Ni, por supuesto, la corrupción, tan proclive a desarrollarse a la sombra del poder absoluto y la opacidad.

Para la mujer, la perspectiva es todavía más radical: las agresiones machistas no son cosa de hoy; simplemente, ahora se denuncian y antaño quedaban encerradas entre las cuatro paredes del hogar. Apenas han pasado unas décadas desde que se alcanzara el derecho femenino al voto, desapareciera el desigual tratamiento legal del adulterio y no fuera ya exigible el permiso marital o paterno para celebrar actos mercantiles; limitaciones que aquí y ahora juzgamos absurdas, pero aún bien presentes en el sufrido recuerdo de muchas abuelas.

Ciertamente, podemos ver la botella medio llena o medio vacía, pero, de verdad… ¿cualquier tiempo pasado fue mejor?

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 23 de septiembre de 2016
Primer día de clase

Después de unas largas vacaciones, la gente menuda ha irrumpido en las aulas con sus mochilas y libros nuevos. Pero no todas las caritas sonríen; algunas reflejan miedo, recelo hacia lo desconocido. Sobre todo, existe ansiedad y turbación en los rostros de niños de origen inmigrante que inician su andadura en un mundo extraño, ajeno a sus costumbres; un mundo del cual, quizá, ni siquiera conocen apenas la lengua.

La diversidad en el aula es una característica clave de la escuela actual. El profesorado, que constituye el pilar fundamental para la integración, tiene por delante una labor tan inmensa como encomiable, pero maestros y educadores no siempre disponen del apoyo y recursos necesarios. Sin embargo, después de los progenitores, son la referencia esencial para los pequeños durante esta etapa; una impronta crucial que marcará el futuro de estos niños e, indirectamente, de toda nuestra sociedad, amenazada por un vicioso círculo xenófobo.

No faltan quienes inciden en el coste y secuelas de la integración, tales como el retraso que penaliza el desarrollo del resto de la clase o la ineludible presencia de segregación y guetos. Surge así un injusto menosprecio de los valores de la integración, cuando es de mucha mayor relevancia el enriquecimiento que la diversidad aporta, el contacto con otras culturas y otras formas de pensar; el aprendizaje de la tolerancia y de una convivencia que se cultiva cuando prejuicios e intransigencia todavía no nos dominan.

Convivir con lo diferente es la lección más importante que un niño puede recibir en esta temprana edad, enseñanza que nunca olvidará. Por eso, todos estamos obligados a prestar comprensión y apoyo, siquiera moral, a sus maestros.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 16 de septiembre de 2016
El retorno

Tras una larga pausa estival, plena de ocio y ruptura de los hábitos cotidianos, resulta frecuente sumirnos en un estado de tristeza y melancolía que los psicólogos denominan estrés postvacacional. Son muy pocos quienes aprecian el retorno a la rutinaria existencia que venimos sobrellevando el resto del año, pese a que ello implica también la reanudación de sólidos lazos sociales y la recuperación de pautas vitales muy importantes; por eso me ha sorprendido gratamente la espontánea declaración que tuve la oportunidad de escuchar por parte de una niña cuando manifestaba su gran deseo de volver al cole, jugar y charlar con sus amigas, ver de nuevo a la profe…

Si es bueno librarse temporalmente de preocupaciones y dejar atrás ingratas tareas durante algún tiempo, ¿qué tiene de malo recobrar todo lo positivo que la vida nos ha ofrecido durante los once meses restantes? De nuevo en esta querida columna, siento una gran complicidad con esa niña que añora los libros y el contacto con las compañeras a las que tanto aprecia. Yo también quiero recuperar todo lo que ha formado parte de mi vida, todo lo que durante los largos meses de invierno le ha dado sentido, ahora aletargado por el calor sofocante de este estío interminable. Sí, claro; también regresan los viejos problemas, todo lo que quedó sin resolver, las dudas, la incertidumbre… No puede ser de otra forma; pero si para algo sirve el paréntesis vacacional, ha de ser para establecer un punto de inflexión, un cambio de rumbo que el aluvión de automatismos en el que estamos sumidos deviene difícil de realizar durante el resto del año.

La felicidad no reside en hacer siempre lo que nos gusta, sino en aprender a efectuar a gusto aquello que debemos hacer.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 9 de septiembre de 2016

sábado, 2 de julio de 2016

Despilfarro y reciclaje.

La cultura del consumismo y despilfarro, sobre todo en tiempos de vacas gordas, genera una cantidad ingente de residuos, basuras que contaminan y entrañan graves riesgos para la salud del planeta. Poco a poco, hemos llegado a asumir que la rutina de usar y tirar es una práctica irresponsable, con efectos nefastos; así, en muchas ocasiones, la ciudadanía camina por delante de gobiernos e instituciones en cuanto a su compromiso en la tarea de limpiar la Tierra y no se limita a exigir medidas, sino que colabora amplia y muy positivamente en su implantación.

De forma generalizada se ha establecido en los hogares la separación habitual de residuos en los contenedores de vidrio, envases y cartón; también hay buenas noticias por lo que respecta a las pilas, cuyo volumen de mercurio resulta especialmente nocivo; Aragón, que siempre ha hecho gala de notoria sensibilización hacia estas cuestiones, supera ya un nivel de recogida de pilas del 50%, índice requerido para 2020. Tampoco van mal las cosas en cuanto al reciclado de aceite usado, pero nos queda una asignatura pendiente: los residuos farmacológicos, de perniciosa incidencia en la contaminación de las aguas, tanto peor en cuanto que malos hábitos como la automedicación conducen a un desmedido uso de productos cuyos diversos componentes pueden resultar muy nocivos para el entorno y, más directamente, a través de la cadena trófica de diversos organismos, generar secuelas como la resistencia antimicrobiana, considerada por la OMS como un riesgo importante para la humanidad.

Una vez más, la eficacia de la educación inculcada en la infancia, tanto en el ámbito escolar como en el hogar, ha de demostrar su capacidad para cambiar el orden de las cosas.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes, 1 de julio de 2016.

sábado, 25 de junio de 2016

Daroca sorprendente.

Siempre es grato visitar Daroca; en esta ocasión lo he hecho con motivo del XIII Congreso de la Asociación Aragonesa de Escritores, que nació precisamente en esta entrañable villa a la que Pedro IV el Ceremonioso otorgó el título de ciudad como premio a su enconada defensa contra el ejército castellano. Tierra de frontera, de encuentros y desencuentros; cruce de caminos, de confrontación cultural y religiosa, la identidad darocense se ha forjado en un peculiar crisol abierto a todas las ideas.

Si nunca tuvo un devenir fácil, Daroca y su comarca se enfrentan hoy a su más grave desafío: la despoblación, cuestión, por otra parte, a la que no resulta ajena gran parte del territorio aragonés. ¿Acaso puede desvanecerse la ilusión y la esperanza y puede borrarse la memoria, esos recuerdos gloriosos que nos acompañan a través de las estrechas callejuelas y rincones que nos hablan de un pasado presuntamente inmortal? Daroca nunca se rendirá; jamás lo ha hecho y ese ha de ser su mejor ejemplo y lección. Bajo cada una de sus piedras duerme una fe infinita, dispuesta a renacer al son de antiguas músicas de eco universal; dispuesta a una reencarnación a la que tampoco hoy le faltan abanderados: Mingote, Ildefonso Manuel Gil, Antón García Abril, José Luis Corral… Esa fe que brilla en los ojos de José Antonio Romero, en cuya mano amiga y generosa reconozco añejas resonancias; esa fe apasionada que transmiten los actuales darocenses y sus instituciones, mientras se apoyan en el pasado, pero miran al futuro.

Ignacio Escuín cierra el Congreso. Nacho, el poeta que ahora “está en el otro lado” quiere acercar creadores e instituciones. Porque el divorcio entre los ciudadanos y sus representantes es hoy la más sombría amenaza.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 24 de junio de 2016.

domingo, 19 de junio de 2016

Respeto.

El lenguaje constituye el eje esencial sobre el que gira la comunicación humana, la base de la evolución social y cultural, los ladrillos sobre los que se ha construido nuestra civilización. Y, según afirma la psicología, determina también nuestra propia forma de pensar: las palabras que usamos y la forma en la que las utilizamos influyen directamente en nuestro entendimiento y, por ende, en nuestra conducta.

Hoy, las nuevas tecnologías amplían espectacularmente el eco de proclamas y alegatos vertidos en las redes sociales, lo que debería invitar a un uso racional y responsable de lo que pretende pasar por opinión y, en ocasiones, enmascara un veredicto difamatorio. La exigua invectiva o el rumor malintencionado no tardan en convertirse en demoledores embates merced a la resonancia que les prestan los comentarios compartidos y su reiteración hiperbólica en la Red.

El linchamiento verbal está de moda, sobre todo en época de elecciones, cuando todo recurso parece válido para derrotar al adversario, a pesar de que el ideal demócrata reside precisamente en el respeto al otro, a lo diferente. Pero el insulto tiende a prevalecer sobre el argumento y el fanatismo sobre la razón, tanto peor si los autores se refugian en el anonimato. Podríamos aducir que se trata de personajillos frustrados, de perjuros marginales o de maniobras insidiosas orquestadas con fines perversos. Tal vez, ese pueda ser el origen, pero su divulgación y amplificación desmedida, en suma, su malsana efectividad, responde a un criterio colectivo que nos involucra a todos y cada uno de nosotros: solo el respeto, como precepto irrenunciable, puede evitar el tsunami devastador. No solo somos responsables de lo que hacemos; también de lo que decimos.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 17 de junio de 2016.