sábado, 5 de noviembre de 2016

Turismo de otoño.


Entre las claves promocionales del turismo en Aragón, figura una creciente desvinculación estacional. Hasta tiempos muy recientes, los alojamientos turísticos solo se llenaban durante la temporada más rigurosamente estival y en los cortos periodos de afluencia masiva, como Semana Santa. Así mismo, el turismo relacionado con los deportes de invierno o el auge de las estancias en balnearios suponían únicamente una excepción, restringida a unos enclaves territorialmente acotados y con un potencial limitado de expansión.

Por fin, el otoño, colmado de color y magníficas perspectivas, ha entrado de lleno en la oferta turística, saturando de visitantes los alojamientos disponibles. Durante el pasado puente de Todos los Santos, con la intercesión de una agradable meteorología, se han alcanzado cifras muy superiores a las de años anteriores, a lo largo y ancho de nuestra Comunidad, con especial incidencia en el Sobrarbe, Maestrazgo y comarca moncaína. Tal éxito supone, sobre todo, la consolidación de una tendencia que crece con fuerza imparable, dispuesta a borrar un hueco otrora paupérrimo del calendario. Ello supone un sustancioso impulso económico que llega mucho más allá del exclusivo beneficio de las empresas directamente ligadas a la industria turística, eje fundamental del desarrollo aragonés. Sin embargo, Zaragoza ha quedado al margen en cuanto a ocupación hotelera y flujo de visitantes; mala noticia para un comercio que a duras penas intenta todavía eludir el luctuoso eco de una crisis interminable. Tan solo las tiendas de disfraces se han librado del batacazo, merced a la popularidad de una extraña fiesta, Halloween, ajena a nuestra cultura y tradición.

Festejos, conmemoraciones, nuevas iniciativas y colores de otoño... sean turísticamente bienvenidos.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 4 de noviembre de 2016


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