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domingo, 31 de diciembre de 2017

Fake news.

La Universidad de Oxford ha realizado un estudio sobre la propagación intencionada y metódica de noticias falsas, donde se constata la naturaleza creciente y el ámbito mundial del fenómeno merced a las nuevas tecnologías; además, la investigación concluye que, lejos de su explotación restrictiva por parte de regímenes totalitarios centrados en la manipulación de sus ciudadanos, los Estados Unidos y Rusia figuran a la cabeza del tráfico informativo fraudulento de alcance mundial. La globalización y la facilidad de divulgación a través de Internet han llevado a la implantación de ciberejércitos gestados con la finalidad de influir sobre la opinión pública en cualquier rincón del mundo, objetivo que se alcanza con tanta facilidad como credulidad existe en los receptores de las noticias amañadas. La ingenua candidez es particularmente habitual en jóvenes sin experiencia en el arte del engaño, así como en quienes carecen de una mínima capacidad para cuestionar la argumentación ajena. Por otra parte, la desinformación sistemática y estructurada no se limita a la esfera gubernamental; existen muchas organizaciones de todo tipo muy ocupadas en promover en la opinión publica opciones favorables a sus intereses, modificar actitudes e influir en las decisiones de la ciudadanía, sea con fines ideológicos o simplemente económicos.

Las mentiras disfrazadas de verdad y suficientemente repetidas calan sin obstáculo cuando no existe espíritu crítico ni se consultan fuentes fidedignas y alternativas, admitiéndose los alegatos intoxicados sin ningún tipo de filtro. Hoy más que nunca, es preciso discernir el bulo de la información veraz y formar en ello a los menos preparados; la mentira es siempre ficticia, pero sus efectos perversos son tan reales como nocivos.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 29 de diciembre de 2017.


sábado, 23 de diciembre de 2017

Olifante.

Olifante es actualmente una asociación cultural sin ánimo de lucro residente en Tarazona, cuyo prestigio, de la mano de Trinidad Ruiz Marcellán y Marcelo Reyes, le ha deparado un importante hueco en el mundillo editorial especializado en la poesía. Hace algo más de un año, Marcelo se fue, víctima de un accidente deportivo en Benasque, pero su huella perdura con singular vigor en quienes tuvieron la ventura de conocerlo y, sobre todo, en Trinidad, con quien compartiera amor y vocación a la vera del Moncayo. Esa ausencia que el cierzo no disipa, ha sido plasmada por Trinidad en un hermoso poemario, “Traducción del silencio”, que habla del vacío y de la vida, de lo efímero de la existencia y del valor de compartirla con quienes amamos. Dice Trinidad que llevamos la muerte colgada de la espalda, que es nuestro destino inexorable; afirma, además, que por ser tan humana no debemos esconderla, como si nos avergonzásemos de ella, tal y como de niños y aun de mayores deseamos ocultar una mala acción. Que hemos de hablar de la muerte sin rubor ni tapujos, porque no es posible entender la vida sin la muerte, ni la muerte sin la vida, aunque acostumbre a llegar sin aviso ni consuelo; simplemente, llega.

Las cenizas de Marcelo descansan en paz bajo una encina que él plantó en Litago, junto a la casa que compartía con Trinidad. Esos muros y esos árboles escuchan todavía el eco de voces amigas, de rock y tango, junto a cálidas resonancias de los versos de Mohsen Emadi, Luis Alberto de Cuenca, Angel Guinda, Antón Castro, José María Serrano... toda una pléyade de poetas cuya obra ha visto la luz a través de las entrañables y muy cuidadas páginas de la editorial Olifante, una apuesta siempre azarosa que nos viene acompañando desde hace ya casi cuatro décadas.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 22 de diciembre de 2017.







sábado, 16 de diciembre de 2017

Otra Navidad.

Cinco décadas después de la muerte de Azorín, excelente escritor que cuidaba con mimo el lenguaje, es una buena oportunidad para recordar sus aforismos, de obligada mención cuando se cita el olvido de los agravios; es esta una cuestión pendiente durante las fiestas navideñas, cuando la ineludible reunión hogareña convoca asistentes que advienen con las alforjas cargadas de antiguas ofensas.

Antaño se valoraba la vejez como una época plena, de serena reflexión, cuyo legado a las nuevas generaciones constituía un don inapreciable. De hecho, son innumerables las figuras de edad elevada que la han alcanzado pletóricos de talento y sabiduría, como el mismo Azorín o Sánchez Ferlosio, quien recientemente ha celebrado su nonagésimo cumpleaños. Delia del Carril, la inteligente e infatigable “hormiguita”, falleció a punto de cumplir 105 años, tras haber inspirado la trayectoria de Neruda, quien, por cierto, no se distinguió por la gratitud hacia su benefactora; que la protagonista de mi novela El hijo del sol se llamase Delia fue mi particular homenaje a esta mujer tan excepcional. Pero aquí y ahora también existen muchos mayores que han sostenido con su pensión la economía familiar durante la crisis y no siempre han recibido a cambio el merecido respeto a que se han hecho acreedores. Eso es lo que viene a refrendar un estudio sobre el maltrato a los ancianos en Santander, afrenta que ya fue denunciada por los pensadores clásicos hace más de dos milenios y cuya infausta vigencia ha perdurado hasta nuestros días, cuando los avances tecnológicos carecen del adecuado parangón con la evolución humana. Sobrevivimos en una sociedad donde tener es más importante que ser y los episodios de menosprecio a la ancianidad más frecuentes que nunca. Incluso en Navidad.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 15 de diciembre de 2017.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Parque Goya.

Resulta fascinante observar cómo los vecinos de un barrio se unen y movilizan en pro del interés común, porfiando por conseguir mejoras en su entorno dentro del más puro ejercicio democrático, pues todas voces cuentan.

Hace años tuve ocasión de admirar y comprender a las mujeres del Picarral, merced a su actividad cultural y a su certamen literario; obtuve uno de sus galardones y formé parte del jurado que lo otorgó al año siguiente. Me sorprendió el empuje y la capacidad de trabajo y sacrificio de que hacían gala aquellas mujeres, apenas sin medios ni respaldo. Desde entonces, otras muchas se han sucedido al frente de la asociación vecinal, pero ha persistido su coraje y el deseo de realizar un buen trabajo. Hoy, no muy lejos del Picarral, he participado en una iniciativa de la Asociación de Vecinos Parque Goya, el proyecto “Escribiendo en la calle”, para el cual se solicitó la colaboración de la Asociación Aragonesa de Escritores, siempre dispuesta a prestar su apoyo. Contemplo con orgullo mi contribución, plasmada en la Plaza de la Tauromaquia, y no dejo de pensar en el brío con que el barrio despierta a la cultura y se acerca a la literatura y a la poesía. Quizá hoy pueda parecer que, aunque persistan trabas y dificultades de financiación, el camino sea más fácil que antaño, cuando cualquier iniciativa había de superar una complicada carrera de obstáculos; sin embargo, las barreras siguen siendo de tal índole que solo el entusiasmo y unidad vecinal pueden con ellas. Esa es la energía que desprende Parque Goya y que conducirá muy pronto a la realidad del nuevo Centro Cívico, demandado desde hace tiempo. Parque Goya es hoy un barrio joven pletórico de vida, donde la cultura es algo más que una intención testimonial. Lo va a seguir demostrando.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 8 de diciembre de 2017.

sábado, 2 de diciembre de 2017

La peste verde.

Larga vida al glifosato, herbicida bajo sospecha al que la Unión Europea ha proporcionado unos años más de renovada vigencia. ¿Qué criterios tienen mayor peso a la hora de tomar una decisión cuya trascendencia ecológica supone graves riesgos para el medio ambiente? ¿Y si es la salud, como en el caso del glifosato, potencial agente cancerígeno, lo que está directamente en juego? No es nunca fácil establecer con rigor y exactitud la peligrosidad de determinadas sustancias, entre enfrentadas argumentaciones con tintes catastrofistas y otras que, en muchas ocasiones, parecen responder a intereses de escasa transparencia. El problema reside en que solo se puede constatar el daño cuando ya está hecho; el ejemplo del lindano supone un claro e inolvidable paradigma en Aragón, donde las sucesivas denuncias fueron sistemáticamente ignoradas.

Diríase que las justificaciones capitalistas orientan en exceso las decisiones de los gobiernos y, tanto más, las de las empresas, necesariamente subordinadas a la cuenta de resultados; al otro lado queda relegada incluso la perduración de la vida en la Tierra, en la que están implicados todos los seres vivos que habitan nuestro esquilmado planeta, desde un insignificante insecto a la propia Humanidad, claramente el mayor factor de desestabilización de un equilibrio ya de por sí precario. A punto de caer en un pozo sin fondo, se hace imprescindible que cualquier decisión sobre cuestiones de salud pública o medioambientales se tome con plena transparencia, respeto a la evidencia científica y visión a largo plazo. Por desgracia, la realidad nos ha revelado demasiadas veces la existencia de incentivos enmascarados que, además de atentar contra la verdad, son auténticas agresiones contra nuestra propia supervivencia.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 1 de diciembre de 2017.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Niños y madres.

La creciente desigualdad es la cara oculta de la presunta superación de la crisis económica, lacra que atenta fundamentalmente contra los derechos de la infancia, víctimas desamparadas, en riesgo severo de pobreza y exclusión social. Son niños sin futuro, condenados antes de alcanzar la menor oportunidad. Las carencias nutricionales, algo mucho más común de que cabría suponer, redundan en un perjuicio directo de la formación, pues es muy difícil asimilar conocimientos con el estómago vacío; pero, desgraciadamente, el mordisco de la pobreza va mucho más allá del hambre.

Los niños no llegan con un pan debajo de brazo; más bien lo que traen el parto y la crianza son unos gastos cuantiosos, gravosa carga económica difícil de sobrellevar cuando los salarios de los progenitores además de reducidos son inestables, otra de las perversas secuelas que nos ha legado el irredimible tiempo de vacas flacas. Sin embargo, gran parte de las medidas paliativas y de apoyo a la familia toman la forma de desgravación fiscal, lejos, por tanto, de beneficiar a los hogares sin recursos; un panorama donde tampoco escasean quienes vuelven la vista atrás, cuando la mujer era el talismán que resolvía, diríase que milagrosamente, las penurias y necesidades del hogar, sin reconocimiento social ni institucional; sin derecho siquiera a una pensión propia y con una miseria de viudedad como excelso premio a su inmenso sacrificio personal.

Hoy más que nunca, y sin necesidad de apelar a un grave problema demográfico por solventar, el niño tiene derecho a una infancia plena y feliz; tiene derecho al futuro, a un mañana que no puede depender de las buenas intenciones expresadas en un Día Internacional ni de una sociedad que lo ignora durante los restantes 364 días.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 24 de noviembre de 2017.

sábado, 18 de noviembre de 2017

Unizar kids.

¿Cómo será la vida en el año 2037? ¿Y en el 2052? Se trata, precisamente, del mundo en el que se desenvolverán como adultos los alumnos que ahora cursan 6º de Primaria en los colegios aragoneses. Unizar Kids, iniciativa promovida por la Unidad de Cultura Científica del campus público aragonés y el Programa Ciencia Viva del Gobierno de Aragón, es una actividad de divulgación que pretende dar respuesta a esta inquietante cuestión. José Ramón Beltrán y Cristina Acín protagonizaron la primera jornada, en la que se comentó la creciente implantación de máquinas y tecnologías muy avanzadas así como el control sanitario de los alimentos que consumimos; sin duda, dos temas de gran relevancia en cuanto a la calidad de vida de quienes muy pronto se incorporarán al mundo de los mayores.

¿Cuál es el proyecto de futuro de estos chicos? Todavía ignoran cómo se ganarán las habichuelas, pero ya son capaces de expresar sus ilusiones y preferencias e intuyen para qué se encuentran mejor dotados; advierten con claridad que los robots están llamados a ejecutar las tareas más duras y monótonas, pero no solo temen su competencia a la hora de encontrar un puesto de trabajo, sino que también son conscientes de que no todo son ventajas. ¿Hasta que punto puede un robot sustituir a un médico o cuidar de un anciano? Sin duda, el insensible buen hacer, incluso perfección, de una máquina tiene su lado oscuro; los circuitos electrónicos nada pueden entender de ese espíritu humanista y comunitario con el que hemos construido nuestra imperfecta pero todavía muy humana sociedad. Ojalá quienes hayan de detentar el poder mañana tomen sus decisiones sin olvidar los planteamientos generosos y altruistas propios de la adolescencia y trabajen por construir una realidad más justa y equitativa.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 17 de noviembre de 2017.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Mi querida Cecilia.

Más de cuatro décadas después de la trágica desaparición en la cima de su popularidad, de Evangelina Sobredo, conocida artísticamente como Cecilia, tornan a escucharse sus entrañables composiciones merced a un homenaje a la carismática cantautora. Los fondos recaudados en el concierto, de carácter benéfico y protagonizado por Ana Belén, Víctor Manuel, Miguel Ríos, Amaral y El Consorcio, entre otras reconocidas figuras, serán donados en pro de organizaciones relacionadas con el tratamiento del autismo.

Cecilia emergió como un rayo de esperanza durante los primeros años de nuestra reciente andadura democrática, para representar un arquetipo muy personal a través del que dio voz a la mujer allí donde le era negada. Tan incisivas como dotadas de una exquisita sensibilidad, las poéticas letras de sus melodías de gran calidad literaria aludían a temas que apenas nos atrevíamos a formular; su crítica social fue franca y sincera, pero jamás envuelta en agresividad. Tal vez sea esa la razón por la que caló tan hondo en un público entregado, que tatareaba con devoción sus canciones en la atmósfera palpitante de una sociedad que aspiraba a nuevas libertades. Pero un desgraciado accidente de tráfico, impidió que ella llegara a conocer nuestra Constitución ni a brindar por su más reconocida virtud: el admirable y añorado clima de consenso en el que vio la luz.

Dama, dama o Me quedaré soltera, son títulos inolvidables, junto a aquel inspirador Ramillete de violetas, embrión de uno de mis relatos breves, El diploma, que posteriormente sería premiado por un jurado presidido en Oviedo por el eminente académico Emilio Alarcos. Sirva, pues, mi sentida aportación para unirme al merecido homenaje celebrado en Madrid en recuerdo de nuestra querida Cecilia.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 10 de noviembre de 2017.

sábado, 4 de noviembre de 2017

La maratón de Nueva York.

Qué lejos quedaron los tiempos en los que la educación física y, por ende, la práctica deportiva estaban condenadas a un papel secundario en la formación escolar. Se trataba de asignaturas “marías”, cuando no meras actividades de esparcimiento; dentro de la órbita femenina, el ejercicio corporal estaba particularmente relegado. Pero a lo largo de las últimas décadas, la Organización Mundial de la Salud y los sucesivos dictámenes de la medicina preventiva se han esforzado por evidenciar hasta qué punto aquella era una perspectiva errónea; tan efectivos se han mostrado en su argumentación que asistimos a un espectacular vuelco de la situación hasta el extremo opuesto, el empacho deportivo, atracón especialmente peligroso cuando se traduce en ascender a una cima lejana sin el material y experiencia necesaria o correr un maratón sin la preparación y el mínimo entrenamiento exigible.

Ciertamente, hacer deporte está de moda y, desde luego, constituye la mejor arma contra los riesgos de la vida sedentaria, lacra que afecta directamente a la salud, origen de obesidad y en la base de muchas de las dolencias típicas de una sociedad acomodaticia. Sin embargo, no todos se suman a la actividad física; unos porque no quieren, otros porque creen que no pueden. Para estimular a estos últimos, han surgido loables iniciativas, como la de los Duendes de Nueva York, apadrinada por Irene Villa y Paco Roncero, quienes, a través de su participación en el emblemático maratón junto a un grupo de pacientes crónicos aquejados de diversidad funcional, quieren manifestar que una razonable actividad física, de acuerdo con las posibilidades de cada cual, contribuye a su salud física y mental. Son ejemplos para emular, sin hacer un mito de ellos. Realidades de aquí y de ahora.


Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 3 de noviembre de 2017.

sábado, 28 de octubre de 2017

El último cuento sexista.

Se afirma, con mucha razón, que los niños son como esponjas, capaces de absorber de inmediato cuanta información existe en todo lo que les rodea; con mayor motivo, asimilan con más firmeza aquello que supone un estímulo particularmente dirigido a ellos, como las narraciones y cuentos infantiles, de tal forma que ya desde la más tierna edad, el infante tiende a consolidar el papel que tales relatos le asignan. El guión para las niñas está perfectamente determinado: solo les cabe esperar pasiva y pacientemente la llegada del príncipe azul, a quien, eso sí, podrán liberar con un beso de su embozo de sapo. Desde tiempos inmemoriales se ha forjado así, página a página, cuento a cuento, la subordinación femenina al valiente y arrojado macho, único personaje capaz de encarnar los primordiales valores humanos ajenos a la maternidad y a otras funciones típicamente reservadas para la mujer.

Por fin, asistimos a iniciativas que pretenden cambiar tan infortunado escenario: no solo afloran en los nuevos cuentos chicas que, en lugar de jugar con muñecas, aspiran a ser astronautas o a dirigir grandes empresas, desapareciendo los atavismos que minimizan o soslayan el talento de la mujer relegándola a un papel secundario, sino que también comparece la perspectiva complementaria: los varones tienen y expresan sentimientos, son capaces de llorar, cuidar de los bebés y compartir las tareas domésticas. Tal vez pueda parecer un pasito insignificante en pro de la plena igualdad de género, aún pendiente según la crónica cotidiana de sucesos, pero a ese idílico objetivo no ha de llegarse a golpe de decreto, sino a través de una rotunda convicción social, y esta se alcanza merced a este tipo de intervenciones, tanto más eficaces en cuanto que inciden prontamente en la formación de los niños.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 27 de octubre de 2017.


sábado, 21 de octubre de 2017

Lo que el fuego se llevó.

Cuán triste es contemplar la virulencia del fuego arrasando el bosque, en su aciaga labor de transmutar el verde vitalista en agónico negro ceniciento. Pero cuando a la ya de por sí inapelable fuerza destructiva de la naturaleza se suma la acción deliberada y criminal del hombre, la conmoción es mucho más traumática y el desastre provocado tanto más desolador, en especial si las pérdidas incluyen vidas humanas. No es nada fácil adentrarse en la mente de un pirómano, a la postre un rasgo de personalidad muy identificado con la psicopatía; sin embargo, las debacles de Galicia y Portugal concuerdan mejor con la acción de incendiarios que con la de pirómanos, pues su origen simultáneo, merced a focos diversos y masivos, parece más bien obra de tramas organizadas con fines velados, muy probablemente de carácter lucrativo. En este sentido es de esperar que, fruto de la investigación pertinente, sea posible establecer medidas que eviten en el futuro la repetición de sucesos tan funestos y tan particularmente ligados a la crónica gallega.

En franco contraste con la hermética y abominable crueldad de los incendiarios, ha emergido el brote esperanzador de la solidaridad humana, la total entrega de cuantas personas han intervenido en la extinción y la eficacia y buen uso de los medios empleados. Solo así han podido paliarse en cierta medida las nefastas secuelas de un cataclismo que, siendo extremadamente desventuradas, podían haber sobrepasado límites inconcebibles; baste para ello la comparación con la dimensión que, en condiciones similares, la tragedia ha alcanzado en las vecinas tierras portuguesas. En Vigo, en Galicia, en Asturias... no todo ha sido fuego y humo negro devastador; gracias a ello, la vida renacerá una vez más de sus cenizas, ojalá que para siempre.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 20 de octubre de 2017.


domingo, 8 de octubre de 2017

Obstáculos del aprendizaje.

El acceso a una educación efectiva es un derecho humano básico, reconocido como tal por las Naciones Unidas y, así mismo, recogido en nuestra Constitución. Sin embargo, no todos los niños parten en igualdad de condiciones para culminar esa carrera cuya meta es transformarse en adultos plenamente responsables y capacitados. Para paliar esas diferencias, existen en la actualidad muchas ayudas en favor de aquellos alumnos que encuentran dificultades en el aprendizaje a pesar de que se no les pueda atribuir falta de interés.

La ONCE presta una ayuda inconmensurable para quienes la deficiencia visual constituye la raíz del escollo, hasta el punto de lograr su plena integración en el sistema escolar y en la comunidad educativa. Tal colaboración llega incluso mucho más allá del orbe académico, extendiéndose al tiempo de ocio y a otras prácticas, como las deportivas, aparentemente vedadas para quienes padecen fuertes limitaciones de la visión. También se ha avanzado mucho en el campo de la dislexia, alteración del lenguaje y de la escritura que afecta a un elevadísimo porcentaje de niños, en muchas ocasiones injustamente considerados como vagos o torpes. Este “mal silencioso” no siempre se detecta ni mucho menos se trata adecuadamente; ni siquiera se ha llegado a comprenderlo bien, pero hoy se ha desarrollado una sensibilidad suficiente para enfocar el tema de una forma oportuna y acorde con la realidad; ni más ni menos que lo acontecido con otros obstáculos parejos, como el de la hiperactividad, muy mal entendido en el pasado y notable causa de fracaso escolar.

Todo ello no implica que se haya conseguido un nivel satisfactorio de resultados, objetivo siempre difícil de alcanzar, pero sí se han logrado avances que mueven a un moderado optimismo.


Publicado en El Periódico de Aragón, el sábado 7 de octubre de 2017.

domingo, 1 de octubre de 2017

¿Sigue existiendo Teruel?

Sin duda, la salud constituye un pilar básico del bienestar humano, pero la disponibilidad de servicios sanitarios está en gran parte supeditada a la existencia y proximidad de un número elevado de usuarios, condición propia de las grandes urbes. Quienes viven en pequeños núcleos aislados ni siquiera cuentan con un médico general, ni, por supuesto, aún menos con un hospital; la enfermedad en tales casos supone un trance problemático y un obstáculo que impide el asentamiento de muchos potenciales pobladores, entre ellos algunos mayores que aspiran a un placentero final de sus días.

Se comprenden y admiten estas carencias, pues resulta lógico razonar que todo lo que la medicina actual ofrece virtualmente no puede llegar hasta el último rincón de una Comunidad muy extensa y aquejada de despoblación. ¿Y si ese entrañable lugar se llama Teruel? ¿Acaso la tercera capital de Aragón es también un espejismo que se desvanece cuando nos aproximamos a ella; que solo adquiere apariencia real cuando le sobreviene una granizada de órdago? Los sufridos pacientes oncológicos turolenses, incluidos los residentes en la capital, tienen que soportar un viaje que puede superar las tres horas para recibir el tratamiento de radioterapia en Zaragoza, circunstancia que también afecta a los de Huesca, con el único atenuante de que el viaje de los oscenses es más breve. Hoy, cuando el cáncer, aun siendo una terrible enfermedad, no implica necesariamente una sentencia fatal, es triste constatar cómo no todos los ciudadanos tienen las mismas posibilidades de acceso al tratamiento revitalizador, lo que atenta contra al principio de equidad más elemental. Todo lo relacionado con la salud son cuestiones extremadamente sensibles, que requieren máxima prioridad.


Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 29 de septiembre de 2017.

domingo, 24 de septiembre de 2017

No leen, no comprenden, no opinan.


Todos los indicadores de lectura, extraordinariamente bajos de por sí en nuestro país, apuntan a un futuro todavía más catastrófico, que se puede resumir en un terrible epitafio cultural: casi una tercera parte de los españoles jamás leerá un libro. Y ello, a pesar de la importante labor que diversas instituciones y organizaciones desarrollan para la promoción de la lectura; obviamente, el mundo del libro y en particular los escritores ponemos todo nuestro empeño en paliar unos datos tan desoladores, hasta el punto de que autores de renombre, como Luis Landero, acostumbran a abandonar sus obras en lugares públicos con la esperanza de que sean recogidas por algún lector anónimo.
La magnitud del problema se extiende incluso al entorno universitario, donde hace ya tiempo se detectó un nivel paulatinamente menor de los nuevos alumnos, con fiel reflejo en los errores ortográficos en el lenguaje escrito y lo que es más grave, una notable pérdida de su capacidad expresiva. Pero cuando se ahonda en estas cuestiones, se revelan secuelas que llegan más lejos de la decadencia cultural. La falta de lectura afecta no solo a la comprensión de lo que se lee y a la elocución de lo que se escribe, sino también a la expectativa de forjar un espíritu crítico, tan necesario para discernir libre y juiciosamente sobre cualquier asunto. En una sociedad y una época donde la comunicación adquiere mayor peso cada día, la carencia de lectura implica que chismes y falacias se transformen con extrema agilidad en dogmas irrefutables; que rumores y bulos se propaguen con vigor inusitado; que la ponzoña interesada devenga arma de desinformación masiva... Que, en definitiva, una multitud informe de ciudadanos carezca de criterio propio.


Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 22 de septiembre de 2017.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Canfranc y Europa.

Desde aquel aciago 27 de marzo de 1970, cuando un convoy de cereales perdió sus frenos y arrolló el puente metálico de L'Estanguet, interrumpiéndose la comunicación ferroviaria con Francia, el ferrocarril y la Estación Internacional de Canfranc han sido objeto soñado de un contumaz imposible: la reanudación del tráfico y la consiguiente rehabilitación de la Estación. La ilusión esperanzada del sentir aragonés ha caminado pareja con las expectativas frustradas, mientras que la energía y empuje derrochados en pro de la reapertura lo han hecho porfiando por superar un cúmulo de obstáculos presuntamente insalvables.

Quedan ya lejanos los días en los que María Rosario de Parada publicó su obra sobre el Canfranc, cuyo subtítulo rezaba “Una esperanza con futuro”, abogando por lo que se consideraba una factible perspectiva de viabilidad. Sin embargo, desde entonces, todas las propuestas e iniciativas abordadas se han visto malogradas una tras otra, a la par que crecía el encanto romántico de la estación abandonada y su mítica aureola, vinculada con el oro nazi y el espionaje, protagonista de innumerables novelas, ensayos e incluso guiones cinematográficos. Sin embargo, casi medio siglo después del desastre y cuando ya pocos lo creían, aquella esperanza con futuro, lleva por fin trazas de convertirse en esplendorosa realidad. La completa rehabilitación del entorno de la Estación no solo dispone de un proyecto consolidado y aprobado, sino que las obras ya se han iniciado; por su parte, también existe un claro interés en la vertiente gala, cuyos trenes llegan ya a Bedous, para restablecer el tráfico ferroviario bajo el Somport, en tanto que por parte de Adif también se trabaja en la mejora de una línea que ha sufrido demasiado tiempo las tribulaciones propias del sumo desamparo.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 15 de septiembre de 2017.

sábado, 9 de septiembre de 2017

El nuevo curso escolar.

Atisbo de ansiedad en la carita de los peques, que por primera vez se enfrentan a un mundo alejado del abrigo familiar, y de festiva ilusión en la de los ya iniciados, ante el reencuentro con sus compañeros tras el largo paréntesis estival. Comienza un nuevo curso escolar para unos alumnos que durante los primeros años todavía están lejos de padecer los problemas que acucian a los más mayores, tan vulnerables a la amenaza de las drogas, con especial mención de las socialmente mejor toleradas en nuestra cultura, como pueden ser el tabaco y el alcohol. ¿Drogas blandas, casi inofensivas? Pues no; objetivamente, tienen efectos más mortíferos y dañinos que las tradicionalmente consideradas como particularmente tóxicas. De especial gravedad resulta el hecho de que son consumidas a edades cada vez más tempranas, prácticamente desde el inicio de la adolescencia; así, el impacto nocivo alcanza a unos organismos inmaduros y carentes de defensas.

Por fortuna, la comunidad educativa cuenta con muchos recursos para asistir a padres y profesores en la ardua tarea de lidiar con un trance tan espinoso y que viene provocando serios quebrantos en la salud. La Asociación Aragonesa de Psicopedagogía es un buen ejemplo de organización centrada en brindar ayuda y soluciones eficaces, no solo en esta área sino también en cuestiones de integración o en la lucha contra otras lacras, como el lamentablemente notorio acoso escolar o la discriminación de género.

En nuestra compleja sociedad, resulta cada día más importante la educación en valores que favorezcan la convivencia, tales como generosidad, empatía y solidaridad. La interculturalidad a la que se enfrenta nuestro globalizado mundo requiere unos cimientos que han de forjarse en la familia y desarrollarse en la escuela.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 8 de septiembre de 2017.


sábado, 8 de julio de 2017

Buena gente.

Cuando se anuncia a bombo y platillo que el tiempo de vacas flacas ha concluido definitivamente, no faltan quienes con toda razón piensan que la cacareada bonanza va a pasar de largo por sus vidas; aunque a pie de calle se advierte cierta alegría, va a ser muy difícil erradicar la pobreza en la que una significativa parte de la población ha quedado sumida. Mientras, los más afortunados no parecen haber aprendido la lección y caen de nuevo en la tentación del consumismo para dedicarse a acumular bienes que apenas alejados de la tienda pierden su encanto. Pero cuando se contrasta ese cosmos feliz con la realidad cotidiana de quienes han padecido las zancadillas de la vida, resulta inevitable advertir que cualquier percepción simplista está muy equivocada. Existe todo un mundo de sufrimiento tras las puertas de un hospital o de la miseria; del maltrato, del abuso y de la exclusión, igual que muchos llevan clavada una espina invisible en lo más profundo de su ser. Cuando las víctimas son niños, el dolor hiere con mayor vehemencia nuestra sensibilidad; por ello, celebramos con tanta satisfacción cualquier noticia relacionada con el futuro de la infancia, que aluda al optimismo o que aliente sentimientos de amistad y compañerismo tan opuestos a la competitividad egoísta de los mayores que aspira a dominarlo todo.

Aunque apenas se hable de ellas ni se comenten, no faltan gratas nuevas que anuncian un mundo mejor y, sobre todo, basta mirar alrededor con un poco de agudeza y ecuanimidad para comprender que las obras de la buena gente tienen mayor peso que las terribles tragedias que nos revelan cotidianamente los noticiarios. Por eso, el mundo sigue rodando y rodando, muy a pesar de quienes tan porfiadamente se obstinan en que perdure la injusticia.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 7 de julio de 2017.



sábado, 1 de julio de 2017

Lozana y vacua Sanidad.

La nostalgia y la emoción que embargan a quienes han de abandonar su tierra natal fue magistralmente descrita por Jesús Moncada. En Aragón, desde Ainielle a Mequinenza, hay muchos caseríos que duermen bajo las aguas de un embalse o, simplemente, fueron engullidos por la maleza, pero cuando un pueblo se pierde, también se desvanece la identidad y las raíces de quienes lo habitaron.

Nunca fue fácil la vida en un pequeño núcleo de población, donde apenas llegaban los servicios más elementales; esforzados médicos recorrían antaño largos trayectos en un entorno desertizado para paliar en lo posible las carencias sanitarias; hoy eso es impensable, no ya en localidades de menor entidad, sino cuando ni siquiera localidades de la importancia de Jaca, antigua capital del reino de Aragón, o Alcañiz, difícilmente llegan a cubrir las plantillas de sus hospitales comarcales.

Cumplido el ciclo laboral, a muchos de nuestros mayores les gustaría regresar a su lugar de origen, si todavía existe, claro; pero más de uno no se atreve, precisamente por la imposibilidad de la asistencia debida en caso de urgencia. Por desgracia, las cosas tampoco están todo lo bien que debieran en las grandes capitales, estas sí, dotadas de una infraestructura de salud, que con sólidos argumentos para ello presume de eficacia. La demora en la atención especializada y las tristemente famosas listas de espera, tan presentes como ocasionalmente enmascaradas, obran en contra de un servicio cardinal que se resquebraja con lamentable persistencia, a pesar de la voluntad e implicación de excelentes facultativos. Para algunos, la ansiada cita llegará demasiado tarde, terrible e implacable resolución de sus dolencias y grave preocupación para quienes se encuentran en situación de espera.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 30 de junio de 2017.

domingo, 25 de junio de 2017

Llegó el verano.

Este año una ola de sofocante calor se ha adelantado a la entrada del verano astronómico, en vísperas de las vacaciones estivales. Puntuales a la cita, llegan las recomendaciones (de obligado cumplimiento) para lucir una silueta propia de mejores tiempos, junto con el oportuno bombardeo de soluciones milagro para conseguirla.

¿Dónde han quedado la dieta mediterránea, las recomendaciones de Grande Covián y la conveniencia de realizar regularmente ejercicio físico? Durante estos meses, resulta especialmente paradójica la contradicción entre el hartazgo de comida basura y el consiguiente esfuerzo que supone después el deseo de adelgazar a toda costa. También sorprende la fe depositada en dietas y recursos falaces, que pueden llegar a poner en grave riesgo la salud, cuando con tanta facilidad se cuestiona la información recibida de fuentes más fiables; quizá ello responda a idénticas razones por las que se otorga mayor credibilidad a los comentarios en las redes sociales que a lo reflejado en los medios de comunicación, especialmente si está relacionado con contenidos de carácter ideológico o político. Un extraterrestre recién llegado a la Tierra nos miraría atónito: ¿Qué nos mueve, en qué creemos?; ¿cómo explicar el derroche de voluntad que se exhibe en ocasiones, para de inmediato caer en el extremo opuesto? Si quien bien nos quiere y conoce, nunca exigirá la renuncia a nosotros mismos, ¿por qué esa obsesión por aparentar lo que no somos? Permitimos que el absurdo nos tiranice, pendientes del advenimiento de un nuevo otoño para arrinconar bikinis y bronceados, pero la salud no se olvida del daño que una conducta errática le infringe. Y, por cierto, el planeta tampoco se olvida de lo que le hacemos; nos lo demuestra con veranos cada vez más calurosos.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 23 de junio de 2017.

sábado, 17 de junio de 2017

El arte en la escuela.

En un futuro ya muy próximo, mucho de lo que ahora conocemos habrá cambiado o desaparecido; gran parte de las profesiones y puestos de trabajo actuales serán sustituidas por máquinas robotizadas y artefactos automatizados, lo que requerirá un decisivo esfuerzo de adaptación. Sin embargo, algo tiene garantizada la permanencia: nunca se desvanecerá el sentido humano de la existencia. Por ello las disciplinas centradas en el hombre y las artes adquieren una entidad trascendental.

En Madrid se está llevando a cabo una importante labor para la implantación en la escuela de diferentes disciplinas artísticas, merced a unos docentes comprometidos en el desarrollo de toda la creatividad presente en las aulas. Las diversas actividades tienen algo en común: voluntariedad y estímulo. Como fecundo resultado, los alumnos tienen la oportunidad de exteriorizar sus aptitudes hasta el punto de sentir la escuela no solo como un lugar de formación, sino como un privilegio que les permite la plena expresión de sus facultades.

No hace mucho tiempo, estaba muy generalizada la opinión de que los españoles éramos negados para los idiomas, deficiencia achacada a que un notable sector del profesorado había recibido, a su vez, una preparación insuficiente. La música, la danza o el teatro han padecido hasta hoy mismo una exclusión con efectos paralelos a la penuria idiomática, pues estas actividades solo encajaban, con suerte, fuera del horario lectivo. Las cosas pueden cambiar, deben cambiar. Están cambiando. Y así se abre un camino fértil y prometedor a ambos lados del escenario, tanto para quienes actúan como para un público culto capaz de apreciar lo que se le ofrece. Un puntal sólido en el que apoyarnos cuando todo lo que nos rodee pertenezca al orbe mecanicista.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 16 de junio de 2017.