sábado, 2 de diciembre de 2017

La peste verde.

Larga vida al glifosato, herbicida bajo sospecha al que la Unión Europea ha proporcionado unos años más de renovada vigencia. ¿Qué criterios tienen mayor peso a la hora de tomar una decisión cuya trascendencia ecológica supone graves riesgos para el medio ambiente? ¿Y si es la salud, como en el caso del glifosato, potencial agente cancerígeno, lo que está directamente en juego? No es nunca fácil establecer con rigor y exactitud la peligrosidad de determinadas sustancias, entre enfrentadas argumentaciones con tintes catastrofistas y otras que, en muchas ocasiones, parecen responder a intereses de escasa transparencia. El problema reside en que solo se puede constatar el daño cuando ya está hecho; el ejemplo del lindano supone un claro e inolvidable paradigma en Aragón, donde las sucesivas denuncias fueron sistemáticamente ignoradas.

Diríase que las justificaciones capitalistas orientan en exceso las decisiones de los gobiernos y, tanto más, las de las empresas, necesariamente subordinadas a la cuenta de resultados; al otro lado queda relegada incluso la perduración de la vida en la Tierra, en la que están implicados todos los seres vivos que habitan nuestro esquilmado planeta, desde un insignificante insecto a la propia Humanidad, claramente el mayor factor de desestabilización de un equilibrio ya de por sí precario. A punto de caer en un pozo sin fondo, se hace imprescindible que cualquier decisión sobre cuestiones de salud pública o medioambientales se tome con plena transparencia, respeto a la evidencia científica y visión a largo plazo. Por desgracia, la realidad nos ha revelado demasiadas veces la existencia de incentivos enmascarados que, además de atentar contra la verdad, son auténticas agresiones contra nuestra propia supervivencia.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 1 de diciembre de 2017.

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