Mostrando entradas con la etiqueta artículos 2020. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta artículos 2020. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de enero de 2021

Pequeadicción

Nadie puede negar la existencia de una juventud de ejemplar comportamiento, que se prepara con gran ilusión para enfrentarse a un mañana no demasiado halagüeño, legado por unos adultos incapaces de proporcionarles el mundo ideal que todos soñábamos. Pero, al otro lado de la moneda, perduran viejos problemas con nueva catadura. Así, la adicción a ciertas drogas aparece a edades cada vez más tempranas, destacando la capitulación de adolescentes e incluso niños frente al alcohol, muy a pesar de la prohibición oficial de venta de bebidas alcohólicas a menores, junto a otras medidas recientes para erradicar el popular fenómeno del botellón. Mientras que otras drogas, típicas como los derivados del cannabis o la cocaina, siguen muy implantadas, ejerciendo sus nocivos efectos sobre un cerebro en desarrollo y una personalidad en construcción, es lamentable constatar una amplia tolerancia social hacia una droga realmente dura, el alcohol, lo que favorece la inmersión de chiquillos en el tenebroso dominio de la adicción. 

Pero ahora, un informe de Ángel Dolado, Justicia de Aragón, alerta sobre el crecimiento de una nueva dependencia: la ludopatía, precisamente cuando las Cortes de Aragón están apunto de debatir una nueva ley del juego. Un alarmante porcentaje de jóvenes son jugadores presenciales, mientras que un número creciente de ellos lo hace a través de dispositivos electrónicos. Resulta obvio que es esta modalidad la que representa un mayor peligro en un futuro próximo, tanto por su incremento desmedido, como por la dificultad de control, dada la difusión de móviles en manos de adolescentes e incluso de niños sin ningún control de sus progenitores.

Toda la sociedad debe implicarse en la formación de una juventud sana y generosa, esa que muy pronto ha de relevarnos para construir de verdad un mundo mejor. 

Publicado en El Periódico de Aragón, el 26 de diciembre de 2020


sábado, 19 de diciembre de 2020

Educación: misión sagrada

Que la educación supone un pilar fundamental en nuestra sociedad está fuera de toda duda, desde los ciclos preescolar y de primaria a la formación superior e, incluso, como hoy ya es norma, a lo largo de toda la vida, hasta el punto de que la formación continuada ha dejado de ser una opción restringida para convertirse en un requisito de casi obligado cumplimiento. Siendo ello así, cuando un docente se jubila ha atesorado una infinidad de conocimientos teóricos y, lo que es más importante, pedagógicos, que se desperdiciarían lamentablemente de no existir algún programa diseñado para aprovechar su dilatada experiencia. Pues este es, exactamente, el objetivo implantado por la Universidad de Zaragoza a través del proyecto “Mirrors”: poner en contacto a los estudiantes de los últimos cursos del Grado de Magisterio con maestros retirados que les puedan transmitir sus vivencias y recursos, para abordar los problemas cotidianos que surgen en la práctica de la enseñanza, tanto mas en cuanto que durante las etapas iniciales de la educación, la relación con los padres de los alumnos y el propio entorno constituyen factores de un enorme peso específico, con los que el profesorado habrá de lidiar con mucho tacto y habilidad si pretende alcanzar el éxito en su sagrada misión. La educación se manifiesta en este caso con toda su inmensa complejidad, lo que requiere también un caudal extraordinario de talento y recursos, lo cual desborda los mejores y bien intencionados propósitos.

    La función esencial del educador de niños y adolescentes no es propiamente transferir conocimientos, sino motivar, enseñar a aprender y encauzar al alumno para que este pueda, por sí mismo, desarrollar toda su capacidad de aprendizaje. Para ello, todos los medios son pocos y no se puede dilapidar ninguno, aún menos la experiencia docente.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 18 de diciembre de 2020.

sábado, 12 de diciembre de 2020

Del negacionismo al incivismo

La ya próxima vacuna contra la covid-19 llega envuelta en candentes discusiones, cuestionada por gran parte de la población desconcertada ante la desinformación existente sobre su eficacia y potenciales secuelas. ¿Negacionismo o desconfianza justificada? La urgencia nunca es una buena consejera, por más que la situación puede acreditar razones bastantes que lleven a decisiones drásticas. En cualquier caso, alguno de los argumentos que se exhiben sobre la vacunación y sus prioridades se enclava en lo absurdo: aunque en principio parecía una broma descabellada, está tomando carta de realidad la recomendación de que deberían ser los más inconscientes e insensatos, aquellos que hacen gala de no respetar las más elementales normas de seguridad para evitar el contagio, los primeros en vacunarse impidiendo así la transmisión de la enfermedad al resto de la población más responsable. Craso error, sin duda, pues de proceder así, la creencia de considerarse a salvo de infección sería un gran estimulo para la conducta desatinada de tales individuos, ya de por sí con escaso freno.

    Por desgracia, no resulta nada fácil combatir el comportamiento imprudente, ególatra o interesado de una parte de la sociedad; pequeña, sí, pero tan ruidosa como incapaz de ver unos milímetros más allá de su ombligo. Quien tiene por norma la falta de respeto hacia lo demás, no duda en rechazar la mascarilla, como tampoco lo hace a la hora de descuidar el comportamiento de su mascota o conducir su patinete de forma alocada en medio de una concurrida acera; por supuesto, sin lamentar siquiera las consecuencias de sus desmanes.

    Todos deberíamos entender que por encima de nuestra sacrosanta libertad de pensamiento y obra, está idéntico derecho por parte del resto de la ciudadanía. Negacionismo e incivismo son facetas diferentes de la misma lacra.


Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 11 de diciembre de 2020.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Gala de Escritores.

Perdura en mi memoria el recuerdo de un hermoso día, en junio de 2003, cuando en Daroca se fundó la Asociación Aragonesa de Escritores, fruto de una vieja aspiración: fomentar la integración, representar y promocionar a los autores de esta Tierra. Desde hace años, una actividad señera de la AAE es la celebración de Gala de las Letras Aragonesas, la última celebrada de forma virtual, como no podía ser de otra manera, en la cual se hizo entrega del premio Imán a Ángela Abós, buena amiga que ha presentado alguno de mis libros y con la que comparto plenamente su concepción de la literatura como la mejor escuela de vida. Siempre entregada al servicio público, con enorme talento y mayor humildad, y siempre enamorada de los libros, a pesar de no haberles podido dedicar todo el tiempo que hubiera deseado, ha firmado varias obras interesantísimas, convencida de la función social y pedagógica de la literatura.

    Otra de las notas habituales en la Gala es la presentación de la revista Imán, de la cual ya ha visto la luz su número 23 y de cuya dirección se hará cargo Nacho Escuín, en sustitución de Ricardo Díez Pellejero, tras cuatro años de dedicación a esta excelente publicación. Imán, donde he tenido el honor de colaborar tanto en verso como en prosa en todas sus ediciones, ha llegado a representar una referencia indispensable de las letras aragonesas.

    Por fin, en el acto se renovó también la Junta directiva de la AAE, de acuerdo con la única candidatura presentada, de nuevo presidida por Javíer Fernández, con Pilar Aguarón como Secretaría General y con la mayoría de los vocales ya activos miembros de la Junta anterior reafirmados en sus cometidos. La unión de voluntades en un esfuerzo común siempre es una buena noticia, tanto mejor bienvenida en un campo donde la individualidad supone un atributo sustancial.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 4 de diciembre de 2020.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Miedo

Desde la más tierna infancia, el miedo nos acompaña. Aprensión a lo desconocido, a los fantasmas, a la oscuridad; temor también a amenazas muy reales, como la agresión verbal o física. Desasosiegos que tornan por la noche en forma de pesadilla y que, en ocasiones, precisan de asistencia psicológica. El miedo surge de nuestra propia naturaleza como seres humanos y perdura durante toda la vida, tanto si es racional y supone una gran ayuda para nuestra defensa frente a potenciales peligros, como si deviene patológico, origen de una ansiedad insoportable y, además, un obstáculo para organizar nuestra protección frente a presuntos eventos hostiles.

    Pues bien, un miedo consustancial a nuestra personalidad es la pérdida de la salud, tanto si la enfermedad es un ente incierto, difuso, como si se materializa en una dolencia concreta como pueda ser la covid-19, con toda su carga letal especialmente sobre los mayores. La pandemia ha ocasionado vivencias devastadoras y escandalosas, sobre todo en las residencias para ancianos; han sido muchos también, siempre demasiados, los duelos solitarios donde ni siquiera ha sido posible acompañar a los seres queridos que se han marchado sin unas manos amigas que acogieran la suya.

    Todos tenemos un miedo comprensible a este maldito coronavirus y a sus funestas secuelas, pero una de las más perniciosas es la insolidaridad de la que hace gala algún sector de la sociedad cuando, como muestra, se aleja de ese sanitario vecino por miedo al contagio por coincidir en el patio de la comunidad. Miedo a que el egoísmo triunfe sobre la empatía; miedo incluso a la futura vacuna, masivamente rechazada por la ciudadanía según las encuestas y, sobre todo, grave y suma desconfianza derivadas del bulo y la desinformación, pese al gran esfuerzo y labor de los medios informativos serios.


Publicado en El Periódico de Aragón, elviernes 27 de noviembre de 2020.

sábado, 21 de noviembre de 2020

Manos amigas

    Está en la voz, tanto de los profesionales sanitarios como de los sufridos ciudadanos, la posibilidad de un confinamiento domiciliario, cuestionando una más que discutible prioridad entre economía y salud; falsa dualidad que se traduce en algo así como elegir entre la bolsa y la vida, o permanecer con los pies sobre el suelo o bajo tierra.

    Entretanto, es reconfortante recordar el buen ejemplo de solidaridad que en la pasada primavera nos brindaron organizaciones altruistas como Cáritas, el Banco de Alimentos o los voluntariados, junto a iniciativas como la de algunas empresas de restauración que sirvieron comidas a los más necesitados, o las de asociaciones vecinales constantemente preocupadas por el bienestar de sus residentes, intentando paliar los problemas derivados de la reclusión forzada. Y una vez mas, el papel que jugaron las pensiones de jubilación de los abuelos en la supervivencia de familias acosadas por el paro. Tampoco son desdeñables las ayudas propuestas por las diferentes Administraciones, con particular mención de la asistencia en materia de alquileres, tanto para quienes no pudieran afrontar el pago de las mensualidades contratadas, como en forma de ayuda para la emancipación de jóvenes que así podrían acceder a un necesario espacio propio. A fin de cuentas, el acceso a una vivienda digna, hermosa entelequia muy difícil de llevar a la práctica, suele requerir un enorme esfuerzo.

    Todos necesitamos de vez en cuando una mano amiga que nos proporcione ese empujoncito imprescindible para salir del brete; todos deberíamos, además de agradecer el gesto, preocuparnos de cuidar lo ajeno como propio y devolver el favor en cuanto sea posible. Una cadena de gestos amigos es una excelente muestra de solidaridad, algo tan trascendental en los tiempos difíciles que nos amenazan.


Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 20 de noviembre de 2020. 


sábado, 14 de noviembre de 2020

Cuidados paliativos

    Durante los últimos meses han sido muchas las víctimas del maldito coronavirus que han fallecido en completa soledad, privados del consuelo de la compañía de los familiares y amigos más próximos. Este efecto terrible de la pandemia ha supuesto también una dura prueba para esas personas, cónyuge e hijos, a quienes no se les permitía ni siquiera una breve visita a los enfermos terminales con el imperativo de bloquear la propagación del contagio; así, el duelo por la pérdida ha sido mucho más intenso y doloroso de lo que ya de por sí supone siempre la desaparición de un ser querido.

    Obviamente, como primeros e impotentes testigos presenciales del drama, todos los profesionales de la Sanidad han sido plenamente conscientes de la situación y han hecho lo imposible por sobrellevar, en la medida de sus posibilidades, tan crítica experiencia. Pero aunque facultativos, auxiliares de enfermería y trabajadores sociales se hayan esforzado por aliviar el último trance al paciente desahuciado, no existe nada que pueda sustituir a la presencia real del afecto familiar, encarnado al menos por una persona. Por lo demás, las funciones de esos servidores médicos están necesariamente subordinadas a otras prioridades que en modo alguno pueden desatender.

    Las desoladoras vivencias de la covid19 han propiciado también otra triste secuela: cementerios solitarios, vacíos de visitantes, donde el recuerdo es una sutil presencia que tiende a disolverse sin apenas dejar huella, pese a lo mucho que los todavía vivos tenemos que agradecer a quienes ya se han ido, razón de más para buscar una fórmula mediante la que sea factible expresar al moribundo todo lo que quizá antes, en vida, hayamos sido sido incapaces de manifestarle en toda su plenitud. Tanto él como sus allegados se merecen este reconocimiento final.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 13 de noviembre de 2020. 


sábado, 7 de noviembre de 2020

Libros para el confinamiento

    El precario optimismo estival en torno al covid-19 se desvanece ante la cruda realidad pandémica. Son estos tiempos difíciles, que precisan de puntales sólidos en los que apoyar nuestro desamparo; tiempos, también, donde la dedicación a la cultura ha de ser un gran aliado y donde un buen libro representa el camino más accesible para nuestro enriquecimiento, si la amenaza de un próximo confinamiento domiciliario deviene triste certeza.

    Me gustaría señalar, en primer lugar a la oferta de autores aragoneses, que ha experimentado un auge extraordinario en las últimas décadas, al menos en lo que a obras publicadas se refiere, aunque no tanto en cuanto a difusión y venta. Editoriales como Huerga y Fierro han mostrado un cariño especial y atención hacia los escritores de nuestra Comunidad, en mi caso con siete libros ya bajo este sello editorial, el último de los cuales ha visto la luz en pleno confinamiento. Mas si preferimos los clásicos, sería recomendable tornar la mirada hacia Pérez Galdós, insigne autor de cuya desaparición se cumplió un siglo el pasado enero y que, junto con Cervantes, es reconocido como representante cumbre de las letras españolas. Existen muchos motivos para leer a Galdós, el primero, por supuesto, su excelsa calidad literaria; sin embargo, me gustaría apuntar otro algo menos notorio: su modernidad, anticipando un futuro irreconocible en su época, así como la defensa del ideal femenino, tan precisamente retratado en obras como Tristana, cuando la igualdad de género ni siquiera se concebía y la mujer, caso de no optar por el matrimonio y consiguiente cambio de subordinación entre padre y marido, se condenaba a una triste alternativa: elegir entre un hambriento descarrío como cómica o la prostitución. Leer a Galdós es vital para entender los días difíciles en que vivimos.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 6 de noviembre de 2020.

sábado, 31 de octubre de 2020

Luces y sombras de la Sanidad

    Los profesionales sanitarios recibieron durante la pasada primavera un merecido reconocimiento público brindado a través de ventanas, balcones y terrazas, aplauso con el que se pretendía manifestar un inmenso agradecimiento por su labor, que en ocasiones llegó a rozar la heroicidad. También los premios Princesa de Asturias de la Concordia se han unido a celebrar el abnegado cometido de un colectivo que “en el miedo, desaliento, cansancio infinito y lágrimas, siempre se levantó, porque rendirse no era opción”.
    Tanto durante la primera ola de la pandemia como en la actualidad, han sido constantes los gestos y muestras por parte del personal sanitario testimonio de un talante digno de elogio, siempre pendiente de suavizar en lo posible el sufrimiento de los pacientes; así, en el hospital San Jorge de Huesca se proporciona dispositivos a los enfermos aislados para que puedan comunicarse con sus seres queridos, siquiera en forma virtual a través de una pantalla, en tanto que también se anima a estos familiares a intercambiar mensajes de ánimo y cariño, tan importantes para quienes han de soportar un confinamiento con visitas restringidas por el riesgo de contagio.
    Pero tan esmerado esfuerzo y disposición de estos profesionales no se traduce en un adecuado reflejo en cuanto al Sistema de Salud globalmente se refiere. Se está perdiendo el contacto cara a cara entre médico y paciente, sustituido por un servicio telefónico que ni siquiera puede presumir de eficiencia ni es diagnóstico fiable; los afectados por otras patologías sufren demoras y carencias inaceptables, mientras que el sistema amenaza colapsarse sin capacidad para atender las quejas de los enfermos.
    Sin embargo, cuando todo parece resquebrajarse en torno a un servicio absolutamente cardinal, no se trata de buscar culpables, sino soluciones.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 30 octubre de 2020.

sábado, 24 de octubre de 2020

Titulación regalada

    La inestabilidad del sistema educativo, sometido a frecuentes reformas de corto alcance, se ha hecho rutinaria hasta el punto de confundirse con la normalidad. Nos hemos habituado a que la opinión de los expertos y especialistas en educación sea relegada en razón y favor de consideraciones desorientadas de muy diversa extracción, bajo las cuales se tiende a favorecer, con cualquier excusa, el acceso universal a las diversas titulaciones, menospreciando así el valor de los conocimientos requeridos

    Ya se han podido constatar muy bajos niveles de aprendizaje en nuestro país, con especial mención de áreas tan significativas como las matemáticas y el lenguaje, tal y como de forma pertinaz nos recuerdan los sucesivos informes PISA, dentro de una trayectoria que no lleva camino de enmendarse. Con tal motivo, ante la carencia de resultados, la reacción acostumbrada solía ser antaño tan simple como efectista: elevar el nivel de exigencia, sin que enriquecer la motivación del alumno y su amor por el aprendizaje tuvieran mucho protagonismo, al menos en la aplicación práctica de las disposiciones oficiales. El lema de moda fue entonces “La letra con sangre entra”. Hoy, por el contrario, parece que el único argumento esencial de medidas y contramedidas pasa por reducir el esfuerzo y trabajo del alumno a cualquier precio, pero la secuela ineludible del bajo interés por el conocimiento, amén de menoscabar seriamente la excelencia educativa, conduce a la inferioridad curricular frente a nuestro entorno europeo, algo de muy graves consecuencias a largo plazo.

    Por lo demás, ningún alumno se toma en serio al profesor “facilón”; sin embargo, siempre termina teniendo en gran consideración, a la vez que recuerda con respeto y cariño, a aquel docente que le exigió lo necesario y lo hizo con criterio.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 23 octubre de 2020.

sábado, 17 de octubre de 2020

No fiestas, si oportunidad

    Repetido como un mantra hasta la saciedad, el enunciado “No fiestas” suena como un eco vacío dentro de una casa vieja. Pero el “no” es un símbolo tenaz de todo lo negativo, obstinado y nada amable, que nos envuelve directamente con un velo indeseable. ¿Nos quedamos mortificados y asidos a la amarga realidad que por un comportamiento responsable no hemos podido disfrutar o intentamos ver las cosas desde otro punto de vista?

    Si este hubiera sido un año de acostumbrado devenir en la añorada normalidad de antaño, estaríamos ahora saboreando los últimos lances de unas felices fiestas. Pero no ha sido así; ahora depende de nosotros ver en la crisis solo un enojoso desastre o también, además, una oportunidad. Una ocasión para abordar proyectos inéditos, ensayar nuevas ideas y, en fin, experimentar todo aquello que antes, inmersos en una rutina cómoda y satisfactoria, no veíamos necesidad de emprender. Es, siempre debe serlo, un buen punto de partida para crecer en el entendimiento y la solidaridad; acoger la novedad y lo ajeno con ese abrazo sincero y cordial con el que siempre hemos recibido a nuestros visitantes; aventar al cierzo del Moncayo diferencias banales haciendo hincapié en lo que nos une y no en lo que nos separa, sin renunciar por ello al legítimo orgullo de sentirnos zaragozanos y aragoneses, y extender a todo el año la brisa risueña que siempre ha soplado durante estos días de octubre.

    El pasado es un recuerdo, el futuro una aspiración que hemos de labrar en el presente para construirlo después día a día. Cuando dentro de unas horas no podamos escuchar el no cohete que habría de dar por concluidas las fiestas y convocarnos a las del año próximo, sabremos que no se trata del punto final de unos Pilares que no han sido, sino del comienzo de un camino prometedor que habrá de traernos un aire nuevo.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 16 octubre de 2020.

viernes, 9 de octubre de 2020

Vida rural

    Intimidados por la covid-19, muchos urbanitas se han acordado de la vieja casona en el pueblo y han creído encontrar mayor seguridad frente a la pandemia en los pequeños núcleos alejados del hacinamiento ciudadano y de los saturados destinos vacacionales, tan proclives al contagio. Ello ha propiciado un reencuentro con las bondades de la vida rural, más allá del tradicional y manido contacto con la naturaleza. Ciertamente, los asentamientos campesinos adolecen de muchas carencias, prolijamente analizadas y descritas hasta la saciedad, pero también ofrecen significativas ventajas, las cuales han experimentado una sustancial revalorización, merced a que las nuevas tecnologías y el teletrabajo —si están disponibles— permiten opciones antes inaccesibles.

    Vienen a mi mente algunas obras cuya temática se centra en la vida rural, alejadas de la tópica perspectiva bucólica y que, sin embargo, no por ello han perdido su carácter entrañable ni, sobre todo, su acento incisivo y perspicaz; dos de ellas me han parecido de una aproximación muy original y, curiosamente, ambas relacionadas con la estepa monegrina. “Monte Oscuro”, de Ramón Acín, autor consagrado cuyos personajes duermen en una soledad confinada y nos aportan personalísimos matices rústicos e “Ilusiones de pan tierno”, de Jesús Cancer, donde se describe con gran delicadeza lo que era hace no muchas décadas la existencia en un pueblo de los Monegros. ¡Cuánto han cambiado las cosas desde entonces!

    Las condiciones de dureza extrema que impulsaron la despoblación en busca de un futuro más halagüeño, sin el hambre como telón de fondo, se han desvanecido, mutadas en un remanso de paz y entorno sosegado donde la vida ofrece un sereno devenir. Hoy se adivina, lejana pero factible, la posibilidad de que en los pueblos se oigan de nuevo risas infantiles.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 9 octubre de 2020.


viernes, 2 de octubre de 2020

Miguel Delibes

     Hay quien afirma que la vida siempre acaba por poner a cada uno en su lugar. No estoy muy convencida de eso, pero en ocasiones el bien hacer, la superación y el amor al trabajo encuentran por fin su reconocimiento. Miguel Delibes tuvo la fortuna de catar ya en vida las mieles del éxito y, sobre todo, saboreó la bienquerencia de quienes le rodeaban. Un feliz encuentro con una joven de vasta cultura, María Ángeles de Castro, enamorada primero de la literatura y después de Miguel, para quien su mejor regalo de novia fue una máquina de escribir, sembró el germen de una vocación, la de escritor, para la que Delibes nunca antes se había sentido llamado y que le proporcionaría inmensas alegrías, así como nos donaría a los lectores un magnífico legado. 

    Trabajador incansable, de gran rectitud, amante de la naturaleza y del universo rural, se rodeó de una gran familia, donde María Ángeles era su adorado centro y eje en torno al cual nacieron infinidad de manuscritos, todos ellos de una gran categoría humana y literaria. En su obra “Mujer de rojo sobre fondo gris”, Delibes hace gala del infinito cariño que profesó a su mujer, con la que siempre mantuvo una entrañable complicidad, siendo el respeto, la lealtad y el amor eternos compañeros de viaje. Comprometido con los problemas sociales, en “Los santos inocentes” muestra con exquisita sensibilidad el desajuste y las injusticias de las desigualdades de clase; en “El príncipe destronado” profundiza en la sicología infantil, y en “Cinco horas con Mario” retrata con inusitado realismo las diferentes formas de entender la vida entre el hombre y la mujer de su tiempo.

    Al cumplirse el centenario de su nacimiento, la Biblioteca Nacional ha preparado una magnífica exposición sobre su vida y obra, excelente oportunidad para rendirle un merecido homenaje.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 2 octubre de 2020. 

sábado, 26 de septiembre de 2020

Hogar, dulce hogar

    Cualquier encuesta realizada entre personas mayores demuestra que todas prefieren acabar sus días en casa y no en una residencia, por muy maquillada que se les presente; en realidad, para constatar un veredicto sincero, basta con hacernos tal pregunta a nosotros mismos: ¿cómo pensar en desprendernos de todo lo que nos rodea, que forma parte de nuestra vida; que nos identifica y con lo que nos identificamos? No cabe duda, pues, de la existencia de un rechazo, manifestado a veces con cierto embarazo, hacia las residencias, incluso antes de que la pandemia confiriera a estos centros un perfil nada apetecible, por más que sea injusto culpar de las deficiencias reveladas por la covid a un personal de servicio que, en general, ha hecho gala de una gran entrega, muy a pesar de su deplorable falta de medios.

    Por desgracia, el envejecimiento equivale a dependencia, lo que redunda en la necesidad de una asistencia constante y especializada, no siempre disponible por parte de los familiares más próximos. Además, tal asistencia suele ser inasequible, fuera del alcance de una exigua pensión y una gravosa carga para quien la proporciona. Ello reduce mucho la eficacia de potenciales medidas paliativas, entre las que destaca sobre todo la ayuda domiciliaria para que los ancianos prolonguen la permanencia en su propia vivienda tanto como sea posible.

    Siendo los mayores la principal víctima de esta pandemia, es muy lamentable que sobre los supervivientes persista la amenaza del confinamiento nunca deseado en alguna residencia, calamidad que los protagonistas suelen consentir para no abrumar con un penoso lastre a sus seres queridos. Entre tanta ayuda y sobre todo promesas de parte de la Administración, con destino a los sectores damnificados, se podría invertir más en las personas que en justicia más lo merecen.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 25 setiembre de 2020.


Recordando a Joaquín

    Aún no hace una semana desde que Joaquín Carbonell nos dejó, elegido por ese cruel coronavirus que acechaba en la sombra para arrebatarnos un entrañable símbolo de la cultura popular aragonesa, en la que se integró de la mano de su querido maestro y compañero José Antonio Labordeta. Aunque, quizá, Joaquín no se ha ido; como suele decirse, solo ha cambiado de escenarios y permanecerá en nuestra memoria para siempre.

    Personalmente, nunca olvidaré la entrevista que me realizó a raíz del premio que me había otorgado en Oviedo, en los albores de los años noventa, el Colegio Internacional Meres, certamen presidido por el ilustre académico Emilio Alarcos. Acudí algo nerviosa a la sede de El Periódico de Aragón, pero de inmediato su talante abierto y amistoso me infundieron serenidad y confianza; recuerdo que me recomendó la lectura de Juan Manuel de Prada, también galardonado en una edición anterior del premio, consejo que por supuesto seguí para disfrutar de una excelente literatura. Por su parte, Joaquín Carbonell ha conseguido ser profeta en su tierra, donde ha sido objeto de numerosos y bien merecidos reconocimientos. Cantautor, evidentemente, pero también implicado en numerosas facetas artísticas y literarias, quisiera destacar su talante poético, muestra de una profunda sensibilidad, que unida a su sentido del humor incisivo y somarda, le distinguió a lo largo de toda su extensa trayectoria, en la que el amor a su tierra, que conocía como pocos, conforma otro rasgo notorio de su personalidad.

    Cuando tanto devoto de ese poderoso caballero don dinero hormiguea por doquier, cuando facilidad y comodidad son objeto de veneración, se echa de menos a aquellos que un día fueron capaces de recorrer senderos ignotos con una guitarra bajo el brazo, camino de un pueblo olvidado a punto de desaparecer. 

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 18 setiembre de 2020.


sábado, 12 de septiembre de 2020

Vuelve el acoso escolar

Ni el aislamiento derivado de la pandemia, ni el paréntesis estival han conseguido erradicar el acoso escolar, que se ha valido de las redes sociales para atacar a las víctimas agraviadas y quebrar su autoestima. Pero, ahora, la reanudación de las clases proporciona a los agresores una oportunidad renovada para insultar e injuriar a sus compañeros más vulnerables, sin que sea preciso ningún motivo o razón reconocible para ensañarse con su objetivo.

Hoy en día, esta lacra está muy bien definida, lo que ha dado lugar al ensayo de nuevas estrategias para combatirla, mediante medidas basadas esencialmente en la reeducación, por delante de amonestaciones y castigos. Así, en el madrileño colegio Virgen de Lourdes se ha implantado una iniciativa que se sirve de los propios alumnos, tanto para prevenir y detectar tempranamente casos de acoso, como para desplegar unas medidas correctoras iniciales que puedan resolver el incidente; solo si esto fracasa, intervienen tutores y profesores; en última instancia, y solo si el irreductible agresor supera los catorce años, cabe la opción de trasladar el asunto a la fiscalía de menores. Una de las bondades de esta táctica reside en que la víctima no se siente abandonada y aislada, privada de recursos para defenderse por sí misma de la felonía que padece.

Aunque suelen ser el blanco preferente del acoso quienes son percibidos como diferentes o se apartan de los cánones y conductas típicas entre niños y adolescentes, es significativo que un porcentaje muy elevado de casos tenga por base la difusión de imágenes de índole sexual, con triste protagonismo, una vez más, del género femenino. Una de las misiones esenciales de la escuela es el aprendizaje de la convivencia, sin lugar para ningún tipo de discriminación, algo que refrenda nuestra propia Constitución.


Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 11 setiembre de 2020.


Vuelta al cole sin abuelos

De forma inapelable, llega el temido comienzo de curso; una situación de tremenda vulnerabilidad e incertidumbre, que siembra penosas dudas en toda la comunidad educativa y, especialmente, en padres de alumnos. Asistimos a interminables debates donde se exponen y cuestionan diversas medidas para afrontar las potenciales dificultades sobrevenidas, exacerbadas por los aciagos datos de agosto y la amenaza de una gran oleada de contagios coincidente con el inicio del curso.

Al margen de la discusión sobre normas y disposiciones, parece existir un acuerdo generalizado entre docentes, expertos y padres de alumnos: la enseñanza debe ser presencial, al menos en los primeros cursos, reservando los recursos telemáticos, en caso de suprema necesidad, para bachillerato y enseñanza superior. El confinamiento demostró las serias implicaciones del aislamiento, sobre todo en los niños más pequeños, en la medida en que, además de otros estragos, impidió la relación natural entre compañeros.

No obstante, se está dejando de lado, o al menos no se vislumbran soluciones eficaces, respecto de un delicado aspecto: ¿qué sucede con lo padres cuando aparezcan los positivos en sus hijos o en la clase?, ¿habrán de quedarse confinados? Algo está claro: en muchos casos, tal obligación será insoportable, en la medida en que los ingresos familiares dependan de su presencia en el puesto habitual de trabajo, caso de muchísimos autónomos, cuyo negocio tampoco podría resistir esta eventualidad. Para mayor complicación, se viene recomendando que no se recurra al gran comodín, los abuelos, que habitualmente proveían una ayuda de extraordinaria utilidad. Ahora, sin embargo, en un escenario mucho más complicado, pues cualquier previsión puede quedar inmediatamente desbordada, se recomienda prescindir de los yayos.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 4 de setiembre de 2020.


sábado, 11 de julio de 2020


Cultura confinada

Algo tan pequeño, microscópico, ni siquiera un ser vivo para un amplio sector de la ciencia, ha sido capaz de trastocar toda la vida del planeta y alterar nuestra cotidianidad hasta tal punto que tantos reciten con rotundidad una sentencia definitiva: “ya nada será como antes”. Desde luego, el mundo de la cultura no se ha librado del pernicioso efecto de la pandemia; más bien todo lo contrario, pues la covid-19 se ha cebado con sumo ensañamiento en multitud de eventos y actividades programadas, borrados de la agenda con apenas contadas excepciones que han sobrevivido con el báculo de las nuevas tecnologías. A ello hay que sumar el quimérico acceso al auxilio y ayudas institucionales de las que dispondrán otros sectores, considerados como esenciales.

Particularmente doloroso me parece el caso del libro, tanto más triste en cuanto que el propio confinamiento debería haber favorecido el hábito de la lectura. Y, sin duda, hasta cierto punto así ha sido, merced al accesible y pletórico catálogo de obras digitalizadas. No olvidemos que así como el cuerpo requiere una nutrición adecuada, también es necesario el alimento intelectual.

Sin embargo, para el escritor, el panorama actual es el de un naufragio en aguas turbulentas, en tanto que tampoco el futuro se muestra halagüeño, cuando las librerías y el resto del mundo editorial se tambalean, heridos de muerte. Pero los autores lo que realmente necesitan es trasladar sus vivencias al lector, desde ese cuarto propio que citaba Virginia Woolf, sin expectativa alguna de beneficio material, siempre a la espera de que su trabajo sea reconocido y apreciado. A poco más podían aspirar antes la gran mayoría de los escritores y todavía a mucho menos ahora, incluso en caso de que el virus no torne para arrasar lo poco que ha conseguido subsistir.


Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 3 de julio de 2020.



jueves, 9 de julio de 2020

Sedimento de humanidad.

Se puede vivir y abandonar la vida de muchas maneras, tantas como personas transitan por el mundo. Cada una de ellas ha de dejar su legado, un sedimento que perdurará tanto como su memoria, porque la huella de aquellos cuya existencia nos marcó de una u otra  forma, es muy profunda, como también puede ser encomiable el talante mostrado a la hora de afrontar los últimos días.
Pau Donés, líder de Jarabe de Palo, desapareció hace un par de semanas; náufrago en las aguas turbulentas del cáncer, nunca perdió la sonrisa en su largo combate por la vida. Más próximo, todavía persiste en los medios el eco de la declaración efectuada por Juan Carlos Unzué, antiguo destacado futbolista y ahora entrenador, el cual afirmaba en rueda de prensa haber fichado por un equipo modesto pero muy comprometido, el de los enfermos de ELA, grave dolencia sin curación ni poco más que un tratamiento apenas paliativo. Juan Carlos quisiera seguir el ejemplo de su madre, cuya fe le permitía trasmutar la desgracia en esperanza.
En el arte, en el deporte, en la vida, hay que tomar el toro por los cuernos y encarar su embestida con bravura; pero, si un único acto de valentía, incluso suprema, está al alcance de muchos, el coraje, la entereza necesaria para sobrellevar una larga prueba sin desmoronarse es algo que muy pocos ostentan. Sin duda, la progresión tan terrible y restrictiva de un trastorno degenerativo como la ELA, exige una actitud todavía más firme y meritoria, propia de marcadas personalidades. Como la de José María Hernández de la Torre, presidente por un breve periodo del Gobierno de Aragón, a la par que alma y fundador del grupo poético Juglarías. Su imborrable recuerdo pervivirá siempre en la Asociación de Amigos del Libro, de la que fue miembro destacadísimo, así como en cuantos le conocimos.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 26 de junio de 2020.

sábado, 20 de junio de 2020

La soledad de los mayores.

Un importante sector de la sociedad, sobrevive forzado a una existencia solitaria. En torno a 66.000 personas de más de 65 años residen solas en Aragón; la mitad de ellas con más de ocho décadas de existencia, constituyen el grupo de máximo riesgo en el que se ha cebado con especial virulencia la covid-19.

Nadie desea la soledad impuesta por distanciamiento o desaparición de los más próximos. Pero demasiadas veces, quienes tienen vínculos de sangre muy a su pesar no llegan a todo, en tanto que amistades y vecinos de edad similar bastante tienen con cuidar de sí mismos, en la medida en que aún puedan hacerlo. Conclusión: el anciano tiende a quedarse paulatinamente aislado, sin posibilidad de eludir su inapelable reclusión. Viviendas sin ascensor, vecinos que apenas se conocen o se ven de muy tarde en tarde, fragilidad de salud, debilidad económica, limitación de motricidad, dependencia; todo se erige como barrera insuperable para imponer un confinamiento exclusivo de la ancianidad, sin posibilidad alguna de desescalada.

Vivir no es tan divertido y envejecer, un coñazo” —afirma Oscar Tusquets, mientras presume de viejo cascarrabias, justo cuando mayor es la sensibilidad social hacia los mayores, fruto de la terrible tragedia que se ha padecido en tantas residencias. Para conocer la dimensión real de la problemática de los mayores en nuestra Comunidad, el Gobierno de Aragón, a instancias de Mª Victoria Broto y Ángel Dolado, ha creado el Observatorio de la Soledad, adscrito y presidido por el Justicia de Aragón. Si envejecer no es una condena, ha de intervenirse en cambiar el modelo de residencias, que no asilos, el cual debería evolucionar de tal forma que su mejoría, además de primar los valores humanos, no implique la exclusión de quienes no puedan pagar un servicio excelente.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 19 de junio de 2020.