Tanto durante la primera ola de la pandemia como en la actualidad, han sido constantes los gestos y muestras por parte del personal sanitario testimonio de un talante digno de elogio, siempre pendiente de suavizar en lo posible el sufrimiento de los pacientes; así, en el hospital San Jorge de Huesca se proporciona dispositivos a los enfermos aislados para que puedan comunicarse con sus seres queridos, siquiera en forma virtual a través de una pantalla, en tanto que también se anima a estos familiares a intercambiar mensajes de ánimo y cariño, tan importantes para quienes han de soportar un confinamiento con visitas restringidas por el riesgo de contagio.
Pero tan esmerado esfuerzo y disposición de estos profesionales no se traduce en un adecuado reflejo en cuanto al Sistema de Salud globalmente se refiere. Se está perdiendo el contacto cara a cara entre médico y paciente, sustituido por un servicio telefónico que ni siquiera puede presumir de eficiencia ni es diagnóstico fiable; los afectados por otras patologías sufren demoras y carencias inaceptables, mientras que el sistema amenaza colapsarse sin capacidad para atender las quejas de los enfermos.
Sin embargo, cuando todo parece resquebrajarse en torno a un servicio absolutamente cardinal, no se trata de buscar culpables, sino soluciones.
Publicado en El
Periódico de Aragón, el viernes 30 octubre de 2020.
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