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sábado, 10 de julio de 2021

Nada nuevo

Nada nuevo creamos
tras los versos de Homero;
nada nuevo aprendimos
en la caverna platónica,
siempre prestos a lapidar
al mensajero de la verdad.

                De nuevo
del joven al anciano
los instintos ancestrales
temprano siegan y devoran
la más fecunda simiente.

El afligido celeste gime mohíno:
¿dónde el arco iris de diáfano color
que la barbarie torna ceniciento?

El implacable discurso de odio
carga las armas del rencor,
la simplicidad venera
la secular ley del Talión
y la ambición alumbra
en pueril inconsciencia
afanes de sangrienta voracidad:
quien ven enemigo en su sombra
nunca cesará de colmar
recónditos camposantos
con una y mil
inocentes calaveras.

Cruje la Tierra indómita
mientras el cielo escupe
avenidas de muerte súbita.
El Hombre lamenta
una, otra, y otra vez más
sus redundantes desafueros
...que de nuevo mañana
tornará a repetir.

            No aprendemos, no.

Y torna a llover agua ácida
las aves pierden su vuelo
e implacable medra el oscuro
mientras el orbe languidece
en el sepulcro de la inercia,
camino del precipicio.

Mas contemplad
la resurrección de Natura,
la armonía de la tierra bendita
donde han de florecer semillas
amamantadas con mimo:
una, otra y otra vez más rebrota
de sus viejas cenizas
como antaño renacía Bennu
a orillas del Nilo
para dar linaje a Fénix
señor de la luz y del fuego.


De mi poemario "Tiempo fugitivo", editado por Huerga&Fierro


lunes, 7 de junio de 2021

Aquella nieve

Esa nieve que flagela mi rostro

y entumece mis pies

camino de la Torre del Reloj

hacia el colegio de Santa Ana;

esa nieve, espontáneo tocado

que corona la testa de Ramiro

como yelmo inmaculado;

esa nieve enajenada por la pala

cuando deslinda calle y acera,

es nieve amiga, nieve amada

que irrumpe en mi soledad

para ahuyentar curtidos hastíos…


Esa nieve tenaz

en la cumbre de Oroel

junto a la Torre del Reloj

y el Colegio de Santa Ana,

           esa,

esa nieve alegre y bullanguera,

es la nieve de mi infancia.

De mi poemario "Tiempo fugitivo", editado por Huerga&Fierro


miércoles, 3 de junio de 2020

Indigentes II

Viaja el hambre en patera
tras un mendrugo de pan
y la esperanza ingrávida
que, dicen,
habita más allá del mar.

Llanto de sudor y sangre
lágrimas que duelen,
mordisco de la miseria,
lágrimas que bracean
entre manos morenas
tras fervientes utopías.

Tramas que pocos delatan
condenan a la endeble balsa
pasajera hacia la nada
en un océano plagado
de promesas opacas.

Mas la penuria no caduca
ni el eterno leviatán
ha de abandonar su presa.
Y en tanto el mar se cuela
entre las tablas dislocadas
ellos claman ateridos:
¡justicia y libertad!
¡justicia y libertad!...

El grito pronto deviene murmullo.

Y después...

Silencio.


De "Tiempo Fugitivo", Huerga&Fierro, 2020


miércoles, 3 de abril de 2019

La felicidad


La felicidad es sirimiri
grácil rocío sobre la piel
caricia sutil, beso del cielo
que raudo se desvanece
mientras ansiosos osamos
retenerla, sentir de nuevo
una, otra y otra vez
su abrazo anhelado;
la felicidad es una gota de agua
que se evapora antes
de llegar al suelo,
que infiel y caprichosa,
traviesa y esquiva,
siempre se eclipsa
sin promesa de retorno.

Felicidad, amiga mía...
Qué hacer, querida:
¿implorar tu regreso
o evocar tu recuerdo?


(De "El rincón del paraíso")  Huerga&Fierro, 2019)


martes, 26 de marzo de 2019

Coger el tren


Trémula, vestida de oscuro gris 
espera la mujer en la estación 
ese tren que, dicen, lleva a la libertad; 
pretende pasar desapercibida, 
que ni verdugo ni dolor la encuentren; 
quiere subir al tren de la esperanza. 

¡Llévame, amado tren, más allá 
al otro lado de las montañas, 
allí donde el amor no hiere! 
Pero la taquilla está cerrada 
nadie vende un billete a la libertad. 

Cargado de ilusiones llega el tren 
mas no se detiene en la estación, 
pues nadie tiene billete a la libertad. 

Sollozo helado, efigie de mármol, 
se aleja la mujer cargada de pesadumbre. 
Torna junto a quien la golpea y humilla 
aquel que temprano traicionó 
su falsa promesa de amor eterno. 

Tal vez mañana, suspira afligida; 
pero nadie vende billete a la libertad, 
nadie podrá mudar su fatal destino.


(De "El rincón del paraíso")  Huerga&Fierro, 2019)


lunes, 11 de marzo de 2019

Rincón del paraíso

Mi último libro, el décimo, inicia su andadura, una vez más, de la mano de Huerga y Fierro.

       "El rincón del Paraiso" es un nuevo poemario que recoge el anhelo humano por encontrar la felicidad. Horas aciagas y horas felices jalonan nuestros pasos errantes hacia un incierto destino donde todo ha de dejar su impronta, donde tan esencial es lo que fue como lo que nunca llegó a ser; un destino poblado de luces y sombras, de ilusión y vacío... Tarde o temprano descubriremos que la felicidad es un sirimiri; gotas de rocío que se evaporan apenas alcanzan el suelo. No importa. Vivimos... Siempre caminando tras un sueño imposible; siempre, con una aspiración permanente: alcanzar nuestro rincón en el paraíso.

    Mi agradecimiento a la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro y a su presidente Eugenio Mateo, a Miguel Ángel Yusta que presentará la obra y a Huerga y Fierro, que una vez más han confiado en mí. En el acto también intervendrá mi hija Patricia, leyendo algunos poemas, y Teodora Doneva, reputada violinista.


miércoles, 13 de febrero de 2019

Miguel Delibes



El dolor se clava en la piel
y las tinieblas zahieren el alma;
es una noche triste y exhausta
poblada de tinieblas
mientras tú, espíritu del amor,
yaces doliente en el lecho postrero.

Aquel lápiz azul, rosa, gris
con que plasmabas la vida entera
ha caído de tu mano yerta.

Es una noche lúgubre, azabache
que nunca tendrá su aurora,
pues toda la luz se mudó contigo.

Quisiste partir sin alboroto,
pero el murmullo devino en trueno
y, en su fragor, retumbó amargo.

Te fuiste, sí, dejándonos tu legado,
equipaje excelso que donas
trascrito en páginas de oro.

Adiós, Miguel;
volaste tras la estela celeste
de un lucero radiante y diáfano.

Aquí quedamos, pobres
infelices que hemos de aprender
a vivir, como nos mostraste,
del fulgor esperanzado
de una tea inflamada.


(De "El latido del cierzo")


domingo, 22 de julio de 2018

Maternidad


Cuántos amaneceres 
cuántas anochecidas 
pasaron sin pasar 
porque tú no sentías 
mi voz que, ansiosa, 
te invocaba. 

No eras nada. 
No eras nadie. 

Hasta que una promesa 
latió en mis entrañas. 

Un venturoso día 
alumbraste con tu balbuceo 
la noche oscura que expiró 
cuando al fin viste la luz. 


Tus ojos abriste a la vida 
y así también los míos, 
tanto tiempo confinados 
anhelando tu arribada.


(De "El latido del cierzo")


viernes, 13 de julio de 2018

Lorca


Buscan con denuedo tus restos gloriosos 
perdidos en una cuneta teñida de sangre; 
¿cómo no te encuentran, si tus ojos son 
dos soles y en tu boca duerme la luna? 

Quizá no te hallan porque no son como tú, 
que con el corazón en la mano, colabas 
por las paredes tu verso y tu alegría; 
que no eras de nadie porque de todos eras 
y tu risa semejaba tañido de campanillas 
y en tu mirada yacía un mensaje de amor.
No te encuentran, no pueden, 
los histriones mezquinos, pobres de espíritu 
ciegos a la luz que resplandece 
en Andalucía, en Iberia y en el orbe entero. 

Ya gritan los de tu sangre 
que toda tu alma, todita, yace en Granada, 
en la casa de Bernarda y en la cueva oscura; 
en tartana de gitano errante y, 
de luces ataviada, en el albero dorado. 

Todos te quieren, vivos y muertos, 
hermanadas las dos Españas; 
que no te busquen unos ni te encuentren otros, 
que habitas en el viento al alcance de todos 
cuando se acuesta el sol y torna la luna, 
siempre en el corazón del pueblo.


(De "El latido del cierzo")





miércoles, 11 de abril de 2018

Indigentes


Helados los huesos por el frío
buscas lecho, indigente,
y entre escalofríos encuentras
tosco asilo en un cajero
celador de caudales ajenos.

Luces de neón por estrellas
y por techo, un ojo vigilante
que ha de grabar tu noche:
la danza trémula del hambre
entre lágrimas de angustia.

Rancia soledad carcomida
por el paso torvo de un tránsito hostil:
solo eres un desheredado del mundo
que busca cobijo de la cruel intemperie
antes de que la parca desgarre tu carne.



Aquella nieve


Esa nieve que flagela mi rostro
y entumece mis pies
camino de la Torre del Reloj
hacia el colegio de Santa Ana;
esa nieve, espontáneo tocado
que corona la testa de Ramiro
como yelmo inmaculado;
esa nieve enajenada por la pala
cuando deslinda calle y acera
es nieve amiga, nieve amada
que irrumpe en mi soledad
para ahuyentar curtidos hastíos…

Esa nieve tenaz
en la cumbre de Oroel
junto a la Torre del Reloj
y el Colegio de Santa Ana,
esa,
esa nieve alegre y bullanguera,
es la nieve de mi infancia.