viernes, 13 de julio de 2018

Lorca


Buscan con denuedo tus restos gloriosos 
perdidos en una cuneta teñida de sangre; 
¿cómo no te encuentran, si tus ojos son 
dos soles y en tu boca duerme la luna? 

Quizá no te hallan porque no son como tú, 
que con el corazón en la mano, colabas 
por las paredes tu verso y tu alegría; 
que no eras de nadie porque de todos eras 
y tu risa semejaba tañido de campanillas 
y en tu mirada yacía un mensaje de amor.
No te encuentran, no pueden, 
los histriones mezquinos, pobres de espíritu 
ciegos a la luz que resplandece 
en Andalucía, en Iberia y en el orbe entero. 

Ya gritan los de tu sangre 
que toda tu alma, todita, yace en Granada, 
en la casa de Bernarda y en la cueva oscura; 
en tartana de gitano errante y, 
de luces ataviada, en el albero dorado. 

Todos te quieren, vivos y muertos, 
hermanadas las dos Españas; 
que no te busquen unos ni te encuentren otros, 
que habitas en el viento al alcance de todos 
cuando se acuesta el sol y torna la luna, 
siempre en el corazón del pueblo.


(De "El latido del cierzo")





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