Conocedor de la sabiduría que los libros encierran, nace muy pronto en él un amor desmedido a la letra impresa, a la que dedicará a lo largo de su vida inmensas secuencias de esfuerzo y tiempo, hasta formalizar con el libro una fusión enriquecedora y muy satisfactoria, que cristalizará en su ingreso en la tertulia de bibliófilos Latassa, del Ateneo de Zaragoza. Viajero impenitente y pertinaz curioso, tuvo ocasión de descubrir auténticas y rarísimas piezas, obras prácticamente extinguidas, de las cuales realizó ediciones facsímil, casi siempre no venales, algunas de ellas prologadas o comentadas por él mismo. Vehemente labor divulgadora que ha permitido recuperar acreditadas joyas literarias. Tan insigne labor le valió el reconocimiento de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro, la cual, durante la presidencia de Fernando Gracia, le otorgó su Premio «Búho» en el año 2009, leyéndose por María Teresa Ezquerra la correspondiente glosa. La recepción de este galardón supuso para Alfonso Fernández uno de los días más felices de su vida, pues el libro siempre impregnó una parte muy significativa de su existencia.
Publicado en El Periódico de Aragón, 13 octubre 2026