Pero no todas imágenes evocan emociones placenteras ni responden al deseo de salvaguardar buenos recuerdos. Otras muchas responden al interés de valedores de los derechos humanos y profesionales del periodismo que intentan inhibir la amnesia social, ese naufragio en la indiferencia que borra rápidamente todo suceso capaz de suscitar una reacción contra la injusticia y la barbarie, respuesta cuando menos siempre incómoda. Estos fotógrafos se centran en lo marginal, en los desheredados del universo, en la tristeza y en la angustia; en todo lo que se tiende a esconder debajo de la alfombra. Pero para mover conciencias, para amar y revelar la humanidad de una sombra desvalida, es preciso verla, conocerla. Y eso es justamente lo que hace el fotoperiodismo: mostrarla. Sus casi anónimos protagonistas, siempre con el índice presto a oprimir el obturador, siempre escasamente reconocidos y aún menos retribuidos, nunca dudan a la hora de satisfacer los imperativos de su vocación y se centran en realizar bien su trabajo de denuncia: imágenes que pretenden impedir que se desvanezca esa realidad enojosa, perturbadora, frustrante… Son los fotógrafos de la memoria.
Publicado en El Periódico de Aragón, 17 febrero 2026