A pesar de que los avances en la investigación y terapia han sido muy notables en las últimas décadas, persiste un importante temor ante las dolencias oncológicas, antaño una sentencia muy difícil de lidiar, que se imponía con todo rigor. Vocablos como tumor o cáncer despiertan todavía hoy una oscura respuesta de ansiedad, premonitoria de días muy difíciles, que, sin embargo, la infancia suele percibir con mayor serenidad que sus padres, quizá porque nunca pierden la confianza en que ellos, sin duda dotados de superpoderes, solucionarán todas sus cuitas. Pero tras consultas y diagnóstico se hace inevitable una terapia perturbadora, cuando no francamente penosa, junto a una estancia hospitalaria lejos del ambiente hogareño, que es lo que los chiquillos suelen llevar peor. Ciertamente, todo el personal sanitario hace gala de una sensibilidad muy destacable en el trato con los pequeños, lo cual también hace posible sobrellevar con menos pena la incomodidad y soledad de este duro trance. No obstante, varios centros hospitalarios vienen adoptando importantes medidas para que los chiquitines reciban en su domicilio la mayor parte de los cuidados necesarios a la hora de enfrentarse a este amargo compromiso y vencer la enfermedad. Es de esperar que tal ejemplo, ya implantado con éxito en algunas capitales de la nación, se extienda con la mayor celeridad a todo el territorio nacional.
Publicado en El Periódico de Aragón, 24 febrero 2026
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