tras los versos de Homero;
nada nuevo aprendimos
en la caverna platónica,
siempre prestos a lapidar
al mensajero de la verdad.
De nuevo
del joven al anciano
los instintos ancestrales
temprano siegan y devoran
la más fecunda simiente.
El afligido celeste gime mohíno:
¿dónde el arco iris de diáfano color
que la barbarie torna ceniciento?
El implacable discurso de odio
carga las armas del rencor,
la simplicidad venera
la secular ley del Talión
y la ambición alumbra
en pueril inconsciencia
afanes de sangrienta voracidad:
quien ven enemigo en su sombra
nunca cesará de colmar
recónditos camposantos
con una y mil
inocentes calaveras.
Cruje la Tierra indómita
mientras el cielo escupe
avenidas de muerte súbita.
El Hombre lamenta
una, otra, y otra vez más
sus redundantes desafueros
...que de nuevo mañana
tornará a repetir.
No aprendemos, no.
Y torna a llover agua ácida
las aves pierden su vuelo
e implacable medra el oscuro
mientras el orbe languidece
en el sepulcro de la inercia,
camino del precipicio.
Mas contemplad
la resurrección de Natura,
la armonía de la tierra bendita
donde han de florecer semillas
amamantadas con mimo:
una, otra y otra vez más rebrota
de sus viejas cenizas
como antaño renacía Bennu
a orillas del Nilo
para dar linaje a Fénix
señor de la luz y del fuego.
De mi poemario "Tiempo fugitivo", editado por Huerga&Fierro
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