sábado, 15 de octubre de 2016


Autores en el limbo

En contra de quienes aún sostienen taxativamente que el libro es el pilar de la cultura, la triste realidad demuestra la progresiva decadencia del hábito de leer, con la penosa e ineludible secuela de que también en la misma medida desfallecen el espíritu crítico y la libertad de juicio. Quizá, en memoria del papel cardinal que el libro ha mantenido históricamente en la evolución del pensamiento desde la implantación de la imprenta, todavía le quedan a la letra impresa algunos etéreos defensores en los más elevados estamentos de los poderes político, social y económico; sin embargo, pocos, muy pocos, parecen caer en la cuenta de que detrás de cada libro hay un autor. Para ellos, ni cielo ni infierno; solo un infausto ostracismo en el limbo de la Cultura.

Si la promoción del libro no es, desde luego, una prioridad para nuestros gobernantes y acreditados próceres; ¿qué tiene de extraño que tampoco lo sea en la calle?, ¿cuántos niños o adolescentes aspiran hoy a ser mañana autores de renombre? Mathilde de Pomès, eminente hispanista gala, cuyo epistolario se expone en la Biblioteca Nacional, mantuvo una intensa relación con las principales figuras intelectuales durante la primera mitad del siglo pasado; de estas cartas se desprende que ya entonces existían para los autores grandes dificultades para subsistir merced exclusivamente a su actividad literaria; también se deduce el inmenso protagonismo masculino y se muestra el profundo foso de género propio de la época, a pesar de la destacada presencia de mujeres como Zenobia Camprubí, Margarita Bonmatí o Gabriela Mistral.

Desde entonces, desde siempre pues ya lo padeció Cervantes, el abandono institucional es flagrante y sin visos de solución. Y en eso no existe distinción de género.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 14 de octubre de 2016.

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