jueves, 13 de octubre de 2016

Rey Ardid.

La Fundación Rey Ardid cumple su 25 aniversario: un cuarto de siglo de plena dedicación a las personas más vulnerables de nuestra sociedad y de afán por combatir la pobreza y la desigualdad, generando entornos donde florece la autonomía personal y mejora la calidad de vida. 

La Fundación se dedicó en su origen al tratamiento de enfermos mentales con el objetivo de normalizar su vida, cuando todavía estaba muy presente el estigma de la locura y una visión excluyente de los trastornos de la conducta; en mi última novela “Soles en el mar” recuerdo los terribles tratamientos que se aplicaban antaño y la evolución fundamental que ha experimentado la psiquiatría durante las últimas décadas, transformación que culminó con la desaparición de los manicomios, establecimientos que más bien parecían órganos de ocultación y reclusión.

No tardó la Fundación en ampliar sus objetivos para dar cabida a cualquier persona en riesgo de exclusión, con particular hincapié en la formación y empleo, para lo cual mantiene una intensa y fructífera relación con otras organizaciones e instituciones y dispone de la ayuda de un equipo de voluntarios altruistas; tampoco faltan las colaboraciones personales y empresariales, pues no en vano el diálogo social y la participación destacan como valores esenciales que vertebran las actividades del Grupo Rey Ardid. Entre las áreas actuales de trabajo, figuran los mayores y los menores; dos generaciones diametralmente opuestas entre las cuales la Fundación ha tendido un provechoso y creativo puente que redunda en el intercambio de experiencias y apoyo mutuo; un buen ejemplo es el cuidado de personas mayores por parte de jóvenes alojados en su domicilio.

Sin duda, 25 años de fecunda y ejemplar labor.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 7 de octubre de 2016

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