lunes, 28 de noviembre de 2016

Pueblos vivos.

Una constante en el territorio aragonés es su tendencia a la desertización, hoy agudizada por el éxodo rural. La urbe es un gran agujero negro que absorbe el futuro de los pequeños núcleos inexorablemente envejecidos, pues son los más jóvenes y emprendedores los primeros en abandonar el terruño, en pos de las oportunidades soterradas en el hábitat de la gran ciudad. Se trata de un antiguo conflicto que de forma secular ha frenado el desarrollo de nuestra Comunidad y que en las últimas décadas del siglo pasado borró del mapa una ingente cantidad de pequeños pueblos, además de comprometer severamente la supervivencia de otros no tan reducidos, privados de los servicios más elementales.

Si la repoblación ha sido una aspiración ancestral, hoy supone la fórmula revitalizadora para garantizar la pervivencia de muchas localidades, como Salas Altas, villa ubicada en las proximidades de Barbastro. Inma Subías, toda una vida dedicada a la enseñanza y hoy regente de este municipio, es el adalid de una iniciativa que brinda casas vacías de la localidad a familias que puedan asumir un compromiso de residencia. El proyecto, difundido a través de las redes sociales, ha tenido una gran acogida, por lo que la vitalidad de nuevos niños alegra ya las añejas paredes de la escuela, a la vez que respalda su permanencia, amenazada de cierre por falta de alumnos.

Viene a mi memoria el feliz recuerdo de una novela juvenil de gran éxito en su momento: “Cinco panes de cebada”, de Lucía Baquedano; su protagonista es una joven maestra cuyo primer destino es una aldea remota en la que, tras la decepción inicial, descubrirá los valores de la vida rural y aprenderá a amar las bondades de una vecindad sencilla y pegada a la tierra; próxima y que respira libertad. Una calidad de vida que nos parece ajena a la baraúnda urbanita del asfalto y cemento y que ha guiado hasta aquí a David y Nuria, junto con sus cuatro hijos. Muy pronto, otra familia más, también amante de la vida sencilla y natural, se unirá a ellos; Salas Altas es una población que quiere seguir viviendo, que está viva. Y en sus calles, se escucha con fuerza una música celestial: la risa infantil.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 25 noviembre 2016.

No hay comentarios:

Publicar un comentario