martes, 28 de enero de 2025

Tras la plaza soñada

Días de aprensión, noches de insomnio; temor, desconfianza, vacilación… horas y horas de estudio, máxima concentración. Todo, para jugarse el futuro en un instante decisivo, en franca competición con cientos, tal vez miles, de candidatos con idéntica aspiración: la plaza soñada, un puesto fijo con, se supone, algunas prerrogativas y un salario relativamente aceptable pero, sobre todo, libre del fantasma del paro, espectro que planea sobre otros trabajadores, muy cualificados, bien remunerados y reconocidos en la empresa privada, desazonados por la posibilidad de que un mal día y por motivos ajenos a su buen hacer, puedan verse inscritos en las temibles listas del desempleo.

Y llegó el momento crucial para el opositor, el trance crítico de la sentencia, sea propicia o frustrante decepción. Algunos se confían a la denostada memoria para superar los exámenes, como si en tal facultad residiera la clave de la prosperidad, mientras que otros se valen de diversas armas para mitigar su insuficiente retentiva, pero todos ellos, así como también quienes han de evaluar su competencia, suelen ignorar una materia esencial: actitud y aptitudes para las relaciones humanas, como educación y respeto, valores de suma importancia en cualquier tiempo y situación. Si hace más quien quiere que quien puede, cuando llegue la hora de ejercer su profesión, haya sido escogida por consideraciones materiales o de origen vocacional, tendrá suma importancia la capacidad para limar las asperezas típicas que suelen atribuirse a las diversas administraciones públicas en sus relaciones con los usuarios. Cuando en la actualidad sus servicios tienden a ser deficientes, solo la calidad del personal que los presta puede paliar sus carencias, cuestión cuyo fundamento esencial es la empatía: es preciso ponerse en la piel del otro para atenderlo bien.

Publicado en El Periódico de Aragón, 28 enero 2025

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