sábado, 11 de marzo de 2023

Ellas

Primero madres, después abuelas, el protagonismo femenino en el ámbito familiar está fuera de toda duda, en especial si miramos hacia el pasado. Cuando poco a poco se hace más frecuente y cotidiana la imagen de un abuelo empujando un carrito de bebé o acompañando a sus nietos al colegio, todavía hoy perdura con toda relevancia la distinción de género, pues hablar de sacrificio y abnegación nos lleva sobre todo a pensar en ellas: en la mujer cuidadora de enfermos y ancianos; en la madre psicóloga, educadora y enfermera; en el ama de casa sobre la que ha venido girando todo el peso del hogar y de las tareas domésticas. Sí, hablar de abuelas también nos lleva a pensar en las que nunca disfrutarán de una jubilación real, ni aún menos oficial, pues la inmensa mayoría tampoco tuvo ocasión de desempeñar durante mucho tiempo una profesión y, en idéntica medida, se ven por ello privadas del derecho a una recompensa económica en forma de pensión contributiva, siquiera mínima.

Y ahora, cuando sus manos cansadas de bregar ya no pueden dar más de sí, cuando son ellas quienes precisan recibir asistencia en lugar de proporcionarla, ¿qué encuentran? Plazas inalcanzables en residencias y salarios cada vez más altos para contratar, incluso durante unas pocas horas, a una cuidadora que pueda solventar sus obligaciones más perentorias o aliviar las carencias más graves. Necesidades, por cierto, que con la edad se incrementan a ritmo geométrico y cuya satisfacción cuesta cada día un poco más, mientras que los efímeros ingresos, si existen, permanecen casi congelados. Así, pues, quienes ejercieron como santas esposas, tal como las denominaba Francisco Umbral, dependerán de la ayuda familiar para subsistir. Pero como ya dijo una voz popular, una madre basta para mil hijos, pero mil hijos no son suficientes para cuidar de una madre.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 10 de marzo de 2023.

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