Tras dos años de privación, entramos en una época estival con claros tintes de compensación y esperanza, tanto por parte de los sufridos profesionales que viven del turismo, como para esa inmensa multitud de aspirantes a recuperar el tiempo perdido por la reclusión forzada. Estamos de fiesta; de nuevo vacaciones, de nuevo viajes.
En lugar de un turismo popular, Aragón ofrece una opción selecta, merced a su patrimonio monumental de extremo valor y a una riqueza natural y paisajística que le permite sobresalir incluso sobre la oferta muy preciada de otros destinos vecinos. Ahora que las nuevas tendencias apuestan por un ecoturismo sostenible y responsable, la candidatura de nuestra Comunidad alcanza una posición privilegiada en cuanto a su capacidad para captar turismo y dinamizar así zonas rurales que no disponen de suficientes expectativas económicas.
Pero ese panorama optimista llega también teñido de algunas cuestiones de urgente resolución. Tal como la carencia de empleados disponibles en restauración y hostelería para completar unas plantillas con las que afrontar la demanda prevista de servicios, demanda que también incluye la atención a clientes con necesidades específicas o gustos peculiares que satisfacer.
En otro orden, la red de Paradores Nacionales ha implantado su proyecto “Naturaleza para los sentidos” en Cangas de Onís, establecimiento pionero de una secuencia cuyo siguiente jalón será el Parador de Bielsa, enclavado en el bellísimo valle de Pineta. Se trata de una oferta que se distingue por su ambiente acogedor, discreción y elegancia, muy en la línea de ese nuevo turismo donde las actividades de ocio y deportivas tienen lugar en comunión con el medio ambiente, estableciéndose de tal modo una relación intensa y fructífera con la naturaleza para tornar a casa con algo más que nostalgia y souvenires.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 17 de junio de 2022.
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