Respecto de lo que atañe a los efectos nocivos del tabaco, cada día surgen nuevos estudios que lo relacionan con toda clase de dolencias; en particular con las enfermedades cardiovasculares y pulmonares, pero también se hace evidente su incidencia perniciosa sobre casi cualquier órgano de nuestro cuerpo. Los avances en la investigación certifican así mismo la peligrosidad a la que se expone no solo el fumador, sino cualquier persona en su proximidad, transfigurada de tal manera en lo que se conoce como fumador pasivo.
El humo no conoce fronteras y se cuela sin pedir permiso en el aparato respiratorio de las personas más sensibles y vulnerables ante la nube tóxica. De ello no se salvan determinados espacios públicos, incluso al aire libre, si la vecindad con el fumador es ineludible. Quizá no se pueda negar a nadie el derecho a auto infligirse daño, pero sí es incuestionable su obligación de respetar la salud ajena. Eso incluye zonas como terrazas, jardines, playas o cualquier ámbito donde pueda producirse una concentración humana que implique proximidad y, por tanto, notoria amenaza de contaminar el aire respirado por quien no tiene por qué sufrir las consecuencias de los malos humos ajenos.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 10 de junio de 2022.
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