viernes, 3 de junio de 2022

Familias de acogida

No todos los niños tienen la fortuna de nacer en el seno de una familia donde todas sus necesidades, tanto fisiológicas como afectivas, estén perfectamente cubiertas. En demasiadas ocasiones, los progenitores biológicos no quieren, no pueden o, por diferentes razones, no están en disposición de atender debidamente a sus hijos, lo que antaño determinaba de forma ineludible su internamiento en instituciones como hospicios y orfanatos, donde quizá se pudieran cubrir las necesidades más perentorias, pero nunca proporcionar el cariño y la proximidad amorosa propia de un entorno paternal. Por desgracia, estas carencias de carácter sicológico, de seguridad y de estabilidad, suelen derivar en una merma del adecuado desarrollo personal de los pequeños e implican un estigma que arrastrarán de por vida.

Con buen tino, ha surgido una figura nueva, el acogimiento familiar, una medida de protección que supone la integración del pequeño en el seno de una familia comprometida en su cuidado y educación como un miembro más de la misma, normalmente de forma temporal hasta su entrega a los definitivos padres adoptivos. Como no podría ser de otra forma, la familia de acogida además de cumplir importantes requisitos, deberá realizar cursos de formación, además de superar una valoración de idoneidad y exigentes controles periódicos.

Un niño precisa mucho amor y dedicación; abrazos y alegría, para que en el futuro pueda enfrentarse con éxito a los obstáculos que encontrará a lo largo de su existencia. Solo unos padres bien dispuestos, en un entorno afectivo, pueden proporcionarle las armas necesarias para ello, pero cuando los progenitores biológicos faltan y la adopción sufre penosas trabas burocráticas, la familia de acogida supone un opción puente de gran valor dentro de un sistema eficaz de protección a la infancia.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 3 de junio de 2022.

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