sábado, 19 de febrero de 2022

Innovación educativa

Aquellos que sientan un profundo amor por el conocimiento, sentirán también una gran admiración y respeto hacia quienes dedican su vida a enseñar, una vocación antaño tan menospreciada, que incluso se llegó a acuñar un célebre dicho: “pasas más hambre que un maestro escuela”, alusión muy justificada entonces debido al exiguo e injusto salario con el que la Administración premiaba al sufrido profesorado de las primeras etapas escolares. Muy por el contrario, tanto los estudiantes como sus familias sí eran capaces de reconocer esta sacrificada labor, en especial en los pequeños núcleos rurales, donde constituían el primer jalón de la enseñanza y donde también el calor de la acogida y la consideración de su sagrada misión venían a paliar la severidad de una existencia muy ruda y de limitado horizonte.

La literatura ha hecho del áspero devenir de los maestros tema de entrañables narraciones, como la intimista novela de Lucía Baquedano, ‘Cinco panes de cebada’, centrada en las impresiones de una maestra que recala en un pequeño pueblo pirenaico. Hoy, en la localidad de Senegüé y no asentada en la ficción sino sobre la más esplendorosa realidad, Virginia Blasco ha sabido construir un pequeño gran milagro, plenamente reconocido por alumnos y padres, algunos de los cuales llevan a sus hijos al colegio desde muy lejos, convencidos de la excelencia de la educación que van a recibir. Tal es el carisma de Virginia, que, además de impedir el cierre de la escuela local, ha implantado un innovador sistema de enseñanza en el que se aúnan técnicas avanzadas, proximidad humana y contacto con la naturaleza. El ejemplo de Virginia es, además, una luz de esperanza que ilumina el incierto futuro de eso a lo que hoy se viene denominando como España vaciada y sobre la que gravita un inminente riesgo de despoblación.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 18 de febrero de 2022.

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