sábado, 26 de febrero de 2022

El acoso en las redes

Internet ha supuesto la gran revolución del siglo XXI, proporcionando una cantidad ingente de información y recursos como nunca antes se había podido ni siquiera soñar. Pero, como a todas las grandes innovaciones no le falta su lado oscuro. Internet es poder, y como tal, puede usarse tanto para bien como para mal, sin que de ello tampoco queden libres algunas de sus más grandes y populares aplicaciones, las redes sociales, que tanta presencia han llegado a alcanzar en todos los estratos de la población, pero muy en particular, entre jóvenes, adolescentes y niños.

Las RR.SS. llegan a constituir una prolongación de la interacción personal a la que incluso pueden sustituir, con el peligro que tal dependencia conlleva. Por otro lado, tampoco se puede desatender el riesgo que implica su marcada tendencia a imponer modas y actitudes en consonancia con el dictamen mediático. De forma explícita, se prescribe desde la forma de vestir a la de comportarse; se denuesta a los obesos, a los bajitos, a los rústicos; a quien, en suma, se desvía lo más mínimo del veredicto implacable de la masa, de acuerdo con el “influencer” de turno. Y, a menudo, se oculta también en las redes una extensión de todo tipo de acoso, del que así se descarta cualquier opción de refugio o huida. Lo público se cuela despiadadamente en lo privado, hasta eliminar cualquier resquicio de intimidad donde la víctima pudiera, al menos, lamer sus heridas e intentar recuperar su autoestima, antes de tornar a enfrentarse al flagelo acosador. Esta persecución despiadada resulta particularmente nociva en el ámbito escolar, tanto por la indefensión de los niños y jóvenes acosados como por la dificultad para intervenir por parte de educadores y familiares, antes de que la agresión haya sido detectada y los daños por la humillación sufrida sean irreparables.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 25 de febrero de 2022.

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