Cuando, al otro lado del Atlántico, se desintegró la influencia de la metrópoli en las colonias americanas para dar lugar a una segregación de marcado carácter nacionalista, bien pudiera haberse dado la disociación del habla común en distintos idiomas de ámbito local, como ya sucediera antaño con el latín. Sin embargo, prevaleció la perduración del vínculo lingüístico, por encima del ansia de independencia política y cultural, afortunada circunstancia a la que no ha sido en absoluto ajena en nuestro tiempo la labor de la RAE y academias englobadas en la ASALE, eje de una labor que, además de mantener la unión en el lenguaje, ha servido de nexo para enriquecer el español con la aportación del léxico prehispánico y modismos panhispánicos.
Solo me cabe añadir que la defensa de nuestro idioma no es un cometido exclusivo de la RAE, sino competencia de todos los que nos entendemos gracia a él, con mención especial de quienes alguna influencia pudieran ejercer en su correcta utilización, tanto hablada como escrita. Mantener al español en su privilegiado trono, implica responder adecuadamente a una de las grandes amenazas actuales, la proliferación del un uso zafio y negligente, notorio en redes sociales y dispositivos electrónicos.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 17 de diciembre de 2021.
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