Resulta de todo punto imposible mencionar a tantas y tantas personas y organizaciones sin ánimo de lucro que, no solo durante estos días tan especiales, sino a lo largo de todo el año, dedican sus recursos y esfuerzo a satisfacer necesidades ajenas, a veces perentorias, pero debería bastar una mirada atenta a nuestro alrededor para descubrir muchos ejemplos loables. Desde el reparto de alimentos a la invitación a cenas navideñas; desde las visitas a enfermos y personas desarraigadas a la dedicación a otras personas, anónimas para todos menos para quienes tienen siempre presente la existencia de necesidades y necesitados. Incluso cabría recordar la actuación de artistas y gentes de éxito que dedican parte de su recaudación a buenas causas, que no olvidan la huella de esas tragedias tan llamativas cuando poco a poco desaparecen de los noticiarios.
Se trata de repartidores de felicidad, ocupados en hacer más llevadera la existencia de otras mujeres y hombres, aquí y ahora; mensajeros del bien que no hacen ruido ni esperan el cortejo de aplausos que este país de envidiosos acostumbra dedicar con profusión a los héroes… solo cuando ya se han muerto.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 24 de diciembre de 2021.
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