viernes, 8 de octubre de 2021

No fiestas, sí prudencia

A punto de entrar en plenas “No fiestas”, es preciso insistir en la necesidad de un comportamiento responsable y prudente. La maldita pandemia produce tal hartazgo, que hace muy natural y comprensible la tendencia a ignorarla, pero ahí sigue, pertinaz. Los números podrían inducir una falsa sensación de confianza, merced sobre todo al efecto vacuna y, en consecuencia, clara reducción de la mortalidad, en especial en las personas mayores. Pero haríamos muy bien en seguir las indicaciones de la Consejera de Sanidad, Sira Repollés, avaladas por la práctica totalidad de especialistas epidemiólogos, como señala Nacho Blas, muy interesados en divulgar los riesgos a los que nos enfrentamos en caso de desoír la voz de la prudencia. El sentido común, obviamente el menos común de los sentidos, debiera erigirse como el guía de nuestra conducta para derrotar a la pesadilla del covid-19, norma incompatible con las macro reuniones presididas por el alcohol, con veto a las mascarillas y a la distancia de seguridad, tan populares en torno a los periodos festivos.


Sin embargo, y más allá de las cifras oficiales que resumen la pandemia, más allá también del goteo interminable de contagios, algunos de ellos todavía con efectos y secuelas muy graves, apenas si se habla de otras consecuencias menos visibles. Son incalculables los daños y víctimas indirectas de esta amarga realidad, cuando la medicina de familia y las especialidades han sufrido el colapso generalizado de la sanidad. Las carencias de diagnósticos y retrasos en tratamientos, la falta de asistencia, y desatención de síntomas, incluso por parte del propio paciente desmoralizado, están entre las causas de muchos fallecimientos. ¿Cuántos? Imposible saberlo. Nunca como en estas situaciones se vive tanto la empatía de los mejores como el egoísmo del resto.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 8 de octubre de 2021 


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