viernes, 1 de octubre de 2021

Contra la desmemoria, solidaridad

La redundante amenaza de la naturaleza desenfrenada en su faceta más destructora ha tornado ha sembrar el dolor en las islas Canarias. El infierno que brota de la tierra en Cumbre Vieja ha cambiado la vida de muchos palmeros; de hecho, se la ha arruinado a demasiados de ellos, sumidos en un futuro negro, pues no solo han perdido casa, enseres y recuerdos, su vida, en suma; también se han quedado sin su medio de ganarse el pan cotidiano, al menos, hasta que puedan comprar unos terrenos donde cultivar las plataneras, pero eso no va a ser nada fácil, entre otras razones por la carencia de suelo disponible.

La solidaridad se hizo presente, antes ya de que las promesas oficiales de ayuda por parte de las diversas instituciones planteasen, sino las opciones de reconstrucción, las posibles medidas de indemnización y compensación de los daños. La empatía, la mano solidaria de la buena gente, ha supuesto la primera e importantísima luz de esperanza para quienes veían desaparecer sus casas debajo de la lava o cuando su avance inexorable hacía inminente la ruina de muchas más, apenas sin tiempo para recuperar algunos de los bienes más preciados. Entonces, el único consuelo fue contar con una mano amiga sobre el hombro, una mano que, a la vez, incluso les ofrecía su propio hogar como refugio inmediato.

El nuevo volcán de la isla de La Palma desaparecerá de las portadas, irremisiblemente relegado por otros acontecimientos más recientes. Pronto, ni siquiera será noticia, pero lo que no cambiará es la sentencia que pende sobre los palmeros, condenados por el volcán a sobrevivir mediante las ayudas institucionales, si es que estas no devienen promesas incumplidas o se extravían en oscuros andurriales burocráticos. En tal caso, como siempre, cuando la desmemoria pretende eclipsar la tragedia, solo la solidaridad perdura.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 1 de octubre de 2021.

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