sábado, 11 de junio de 2016

Operación bikini.

La época estival acude a su cita anual con toda la parafernalia acostumbrada: ¡que un año más no falten las normas de obligado cumplimiento, con especial mención de aquellas que someten a la mujer a una suerte de nueva esclavitud!

Los cánones estéticos son extraordinariamente crueles con las féminas, sea cual sea su edad, aspecto y condición. Sobran los michelines, la celulitis y cualquier signo del lado oscuro que ha podido permanecer enmascarado hasta el fin de la primavera. El bombardeo publicitario de supuestos remedios se torna tan pertinaz como dañino, ya que algunas prácticas pueden resultar en un serio perjuicio para la salud. Las dietas milagro serían un buen ejemplo del riesgo que asumen quienes persiguen un adelgazamiento a cualquier precio, a pesar de las reiteradas advertencias de médicos y psicólogos.

Pero la imagen distorsionada que proporciona ese espejo de feria en el que pretende reflejarnos la sociedad del consumo y de la apariencia es implacable. Solo pueden triunfar quienes se ajustan a un modelo estricto que el retoque de la imagen, merced a Photoshop, se encarga de perfeccionar más allá de la propia realidad. Bien pudiera aducirse que no existe nada negativo en el intento de mejorar nuestro aspecto. Así es, en efecto; pero la cuestión adquiere tintes mucho más graves si consideramos que estamos otorgando menos importancia a ser que a aparentar. En tal caso, sí; en tal caso estamos pisoteando siglos de progreso y avance en la consideración de la mujer para sumergirnos en un bárbaro atavismo donde el talento y la reflexión quedan secuestrados por la vertiente más terrible de un machismo desbocado. Mujeres y hombres somos algo más que gesto y figura.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 10 de junio de 2016.

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