sábado, 27 de febrero de 2016

Padres y educadores.

Como padres, la educación de nuestros hijos es, sin duda, la labor más importante, pero ni el entorno ni los condicionantes de la vida actual parecen dispuestos a facilitar tan sagrada misión. Tampoco basta la voluntad de hacer lo mejor en favor de los niños: cuando el fruto de la educación se traduce en adorables criaturas capaces de convivir y gestionar de forma adecuada sus emociones, no hay que invocar a la casualidad, sino a un esmerado trabajo cuya base es la propia formación paterna. A tal objetivo se orientan algunas iniciativas, que parten de la necesidad de apoyar a los padres como agentes fundamentales del proceso educativo.

La Fundación Educativa Universidad de Padres, creada en 2008 y dirigida por el filósofo José Antonio Marina, aspira a convertirse en un centro de referencia para los padres y para la sociedad en general. Su programa establece unos principios esenciales entre los que destaca el estímulo de un tono vital alegre y optimista que fomente la resistencia a la frustración, así como la disposición al aprendizaje de la libertad. Pero si tan esencial resulta aprender a encajar los golpes y extraer de ellos una lección positiva, no lo ha de ser menos la capacidad de los niños para comprender el mundo en el que han de crecer y comunicarse, de ejercitarse en una convivencia asertiva. Por desgracia, el valor del compañerismo, y por tanto el de la amistad, no parecen estar de moda en una sociedad que hace de la competitividad extrema su modelo primordial, incluso a costa de sacrificar el más básico sentido de la justicia y del respeto a los demás.

Una realidad demasiado dura y compleja a la que hemos de enfrentarnos con ilusionada esperanza. Porque quien ni siquiera lo intenta, difícilmente alcanzará el éxito.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 26 de febrero de 2016.

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