Sobre la enseñanza perdura una crisis profundamente arraigada, con visos de larga permanencia. Parece evidente que la solución pasa por mejorar la calidad de la docencia, pero sería muy injusto cargar sobre los profesores una cuota excesiva de la culpa de las deficiencias del sistema educativo, cuando se hace patente que han de desarrollar su escasamente apreciada labor en un ambiente hostil: desprestigiados, mal recompensados y cuestionados desde muchos frentes, ¿cómo pedirles un esfuerzo que otros agentes de la comunidad educativa no parecen dispuestos a aportar?
Un alumnado desmotivado que apenas colabora, muchas veces alentado por unos padres muy condescendientes con sus errores y carencias, que tampoco les transmiten el mínimo respeto hacia sus profesores. Un futuro poco estimulante, donde la formación y conocimientos adquiridos en las aulas parecen contar muy poco frente a trampas, argucias, zancadillas rastreras y picaresca rampante. Y una estructura anquilosada, disociada del ámbito empresarial y de la realidad, sometida a sucesivas reformas partidarias que nada consiguen enmendar.
José Antonio Marina indica la conveniencia de renovar el proceso de selección de profesores mediante un modelo de acceso similar al MIR sanitario, como punto de partida para hacer de la docencia una opción profesional de prestigio, atractiva para los mejor dotados. Simultáneamente, será preciso exigir más a todos los integrantes de la comunidad educativa hasta conseguir que los impuestos con los que todos financiamos la enseñanza redunden en la promoción de unos profesionales de los que nos podamos sentir orgullosos. Una docencia de calidad es la base cardinal en la que se asienta una sociedad capaz de prosperar con pie firme.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 13 de noviembre de 2015
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