La Ciencia toma la palabra, es el título de un curso internacional celebrado en Alicante y orientado a desenmascarar los trucos y argucias que cotidianamente utilizan los artífices de viciosas campañas publicitarias, para incitarnos a un consumo masivo de productos y servicios merced a la presunción de atributos falsos, exagerados o inexistentes. Las ingenuas víctimas asumen sin reparos la argumentación pseudocientífica, basada en testimonios inciertos y tesis inválidas con apariencia de verdad irrefutable, mas no existen remedios milagrosos ni productos mágicos; la única verdad es la falta de espíritu crítico de algunos consumidores malsanamente estimulados a aceptar sin apenas reflexión aquello que ansían oír.
El cuento no se sostiene en pie, pero invoca inapelable a esas necesidades, aspiraciones y anhelos que mantenemos en nuestro interior: la perenne ilusión de Cenicienta tras el sueño de la eterna felicidad. Por desgracia, ni es posible adelgazar sin renuncias, ni borrar el rastro del tiempo en la piel o mantener una salud de hierro sin abandonar hábitos insanos: mientras los charlatanes del embuste montan su lucrativo negocio, la vida real nada quiere saber de príncipes encantados ni poderes maravillosos, por lo que el despertar de la Bella durmiente suele acabar estrellándose contra el suelo.
La ciencia quiere desmitificar el alcance real de las virtudes pregonadas por un marketing abusivo y desvelar las aseveraciones infundadas o desmedidas, tan frecuentes en la publicidad, y que Internet divulga y amplifica con pasmosa facilidad; la ciencia quiere ayudarnos a formar un criterio propio para distinguir la verdad de la falacia. Una ayuda inestimable en el mercado. Y en la política.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes, 9 de octubre de 2015.
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