En las Naciones Unidas, el 12 de octubre no es una fecha cualquiera: es el día del idioma español, el segundo tras el chino mandarín en relación a quienes lo hablan como lengua materna y también el segundo, tras el inglés, como lengua de comunicación internacional. Así mismo, es muy llamativo el auge del español en Internet y en las redes sociales, mientras que su progresión actual y expectativas de crecimiento apuntan directamente a nuestro idioma como la lengua del futuro.
Esta semana se ha celebrado en San Millán de la Cogolla el X Seminario Internacional de Lengua y Periodismo, centrado en esta ocasión en el valor y vigencia de los manuales de estilo, que, además de alentar la particular forma de narrar y talante de cada medio de comunicación, velan por el uso correcto y coherente del lenguaje.
¿Qué sucede, entre tanto, aquí mismo en la calle, con la práctica vulgar y cotidiana del español? Ante la abundancia de errores, la pobreza expresiva y léxica o la pésima utilización del lenguaje, de forma más bien propia de colectividades iletradas, la perspectiva se torna sombría, alarmante sobre todo por el desinterés e incluso manifiesto desprecio que asiduamente se muestra hacia la corrección lingüística. Cuando Estados Unidos constituirá muy pronto la mayor comunidad de hispanohablantes y uno de cada diez habitantes del planeta se entenderá en español, parece lamentable que, en casa, no aflore, junto a un sano orgullo, la disposición por mejorar nuestra capacidad expresiva y de comprensión de textos. Creo firmemente que al español le espera un futuro deslumbrante, pero cuando salgo a la calle y oigo hablar a nuestros jóvenes o les veo manipular sus artilugios electrónicos, tengo dudas.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 16 de octubre de 2015
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