Y es que los avances en este campo se presentan como una auténtica maravilla, báculo inexcusable para las personas mayores o con diversidad funcional; sin embargo, para que la tecnología sea realmente útil, ha de resultar muy accesible. De lo contrario, se transforma en un elemento gravemente discriminatorio, sin olvidar que uno de los elementos con mayor capacidad de restricción reside en el precio; y ello, a pesar de que los usuarios potenciales constituyen un gran nicho de mercado, además en pleno crecimiento.
Desde el libro electrónico y los nuevos sistemas operativos para ordenadores a la meritoria labor que desarrollan entidades como la ONCE y la UNED, todo es hoy más fácil para unas personas que, sobre todo, cuentan con una inmensa voluntad y deseos de crecer intelectualmente. ¿Cuánto talento se habrá perdido ante obstáculos que hace pocos años eran insuperables? Cuando a pesar de las deficiencias sensoriales, que tienen ineludiblemente a incrementarse con la edad, el cerebro quiere mantenerse ágil y despierto, dispuesto a la creación, solo hace falta una oportunidad. Esa oportunidad que, en ocasiones, sociedad e instituciones que manifiestan estar al servicio del individuo niegan con una miopía irresponsable: solo un poco de empatía bastaría para construir gracias a las nuevas herramientas el más bello edificio.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 11 de septiembre de 2015
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