sábado, 26 de septiembre de 2015

La salud del futuro.

Sobre el mañana de los servicios de la salud pende una espinosa amenaza financiera, que contrasta con la luminosa esperanza que brinda la investigación. Pero, en ocasiones, los grandes avances no provienen de ciclópeas entidades de rango multinacional, sino que tienen su origen muy próximo y no parecen necesariamente ligados a costes inabordables.

Mientras que en Madrid, la EHAS viene aplicando las tecnologías de la comunicación para hacer llegar un sistema sanitario de calidad hasta el último rincón, la Universidad de Zaragoza es el escenario donde se ha desarrollado una gran aportación, que podría revolucionar el futuro de la salud: las neuroprótesis inteligentes. Los profesores Luis Montesano y Javier Mínguez han ideado una interfaz cerebro-máquina, mediante la cual la prótesis decodifica la información del usuario para adaptarse a sus necesidades específicas y que, incluso, puede llegar a aprender nuevas tareas de acuerdo con futuros requerimientos a lo largo de la vida. Se abren así grandes expectativas, en especial para personas con enfermedades neurodegenerativas o que han perdido sus habilidades motoras, sea consecuencia de accidentes o de padecer alguna lesión en la médula espinal. ¿Cómo puede una máquina aprender? Lo hace mediante un proceso de ensayo y error, cuyos aciertos son confirmados por el cerebro a través de unos sensores que recogen su actividad. No es una utopía, aunque así lo parece, sino el fruto de un trabajo silencioso y constante, en el que también ha colaborado el equipo de los profesores Millán y Chavarriaga en Lausana.

Es la cara amable del progreso científico, que nos abre una inmensa puerta a la esperanza y que, esta vez, lo ha hecho aquí mismo, en casa.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 18 de septiembre de 2015

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