En un ambiente idílico, bajo un espléndido abeto azul canadiense, me sumerjo en las páginas de “La buena reputación”, la obra que le ha valido a su autor, Ignacio Martínez de Pisón, el Premio Nacional de Narrativa. Desde el primer momento, me atrapan unos personajes descritos con minuciosa precisión en su intimidad doméstica. El libro es un relato intermitente del devenir de una saga a través de tres generaciones, cuyos primeros avatares se desarrollan en un escenario tan sugerente como poco habitual, Melilla en la época del Protectorado, con especial incidencia en las relaciones entre las comunidades judía y española.
La novela, dilatada, recoge con realismo y trazos vigorosos los sinsabores familiares; aciertos y errores, encuentros y desencuentros, digeridos por Samuel, inestable aunque muy generoso, y por Mercedes, sólida, convencional y deseosa de transmitir la herencia del pasado en una España que se abre poco a poco a la modernidad.
El libro retrata los más antiguos vicios de la humanidad, muy próximos porque perduran en nuestra conciencia, con el contrapunto de esas pequeñas virtudes, casi de andar por casa, tan invisibles como pródigas, que hacen posible una convivencia no siempre feliz. Es también muy relevante el papel que juegan los personajes secundarios, entrañables, cotidianos y de presencia velada que, sin embargo, ejercen una influencia decisiva en el acontecer familiar. Desde nuestro privilegiado balcón, observamos los juegos del destino, que se cierran en un final admirablemente bien trazado, abierto y cerrado a la vez. En suma, una profusa narración de relaciones familiares que, como subraya el veredicto del jurado, permanece muy fiel a la tradición novelesca.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 25 de septiembre de 2015
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