sábado, 5 de septiembre de 2015

Jóvenes diferentes

Lamentaciones acerca de una juventud descarriada no han faltado nunca y vienen reiterándose de generación en generación desde la noche de los tiempos. Por fortuna, y al margen de tales expresiones aflictivas, abundan también los ejemplos constructivos por parte de jóvenes solidarios y altruistas.

De hecho, frente a esa imagen deplorable de muchachos consumistas, volcados en la nulidad, el ocio estéril y las drogas, emerge la de los cooperantes que invierten los mejores años de su vida en una labor inmensa de acercamiento y entrega a los demás, siempre dispuestos a aliviar el peso de los desheredados. Podemos encontrarles en la puerta de casa o en un rincón perdido del Tercer mundo; lo que nunca cambia es su vocación de ayuda, plasmada en múltiples facetas. Victorio Torres e Irene Vallejo, dos de tantos jóvenes que vienen ejerciendo la asistencia humanitaria en África, se muestran sorprendidos ante el testimonio de amor que muestran algunas mujeres embarazadas e infectadas de SIDA, capaces de olvidarse de sí mismas para luchar por sus futuros hijos. Allí, donde se carece incluso de lo más elemental, el acceso al agua potable constituye la primera condición básica de supervivencia, lo que relega otros derechos fundamentales como la educación a una necesidad secundaria.

Victorio e Irene, así como una inmensa legión de cooperantes, desarrollan una misión sin apenas visibilidad; no son noticia ni pueden competir con los chismes morbosos que nos inundan a diario demandados por una audiencia insensible e insaciable. Pero durante estas vacaciones, ellos como tantos otros, dedicarán de nuevo su tiempo y esfuerzo a un campo de trabajo. Volverán con las manos vacías, pero con el corazón colmado de empatía y gratitud.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 3 de julio de 2015

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