sábado, 27 de junio de 2015

El Día de la música

La celebración del Día Internacional de la Música induce a reflexionar sobre la gran importancia que tiene la música en este mundo convulso, agitado por continuas noticias desalentadoras, donde pobreza, desigualdad e injusticia cobran un terrible protagonismo y se constituyen en lacras que rara vez se alejan de una violencia omnipresente.

La música posee una enorme capacidad para trasladarnos a una dimensión mágica, donde es más fácil percatarse de que todavía nos queda un resto de humanidad. ¿Por qué no se imparte la enseñanza musical con mayor esmero y desde la más tierna infancia? Deberíamos mirar más lejos de un aprendizaje centrado en la adaptación al engranaje del consumismo, con particular y casi único hincapié en la disposición y habilidades necesarias para incrementar los ingresos, y que tan relegado deja el interés por una formación humanista e integral, en cuya sintaxis la música juega un papel sustancial, pues no en vano constituye el enlace más directo, poderoso e intuitivo con nuestro ser interior.

El dolor de Plácido Domingo ante el lecho de su hermana moribunda, habrá sido mitigado, sin duda, por unas notas melodiosas que tan perfectamente pueden describir el amor fraterno, en nombre de un sentimiento mucho más universal; esas notas de armonía son una gran lección para todos los que se enquistan en rencillas banales.

Por su parte, otro indiscutible enamorado de la música, Juanjo Mena, ha dirigido un maratón sinfónico dedicado a Chaikovski, con las hogueras de la noche de San Juan por fondo escénico. Unas hogueras en cuyo fuego me gustaría ver cómo arde de una vez por todas la podredumbre del mundo mientras se desvanecen en humo las pavesas de la codicia.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 26 de junio de 2015

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