sábado, 13 de junio de 2015

¿Vuelve la difteria?

Estamos muy acostumbrados, demasiado, a campañas publicitarias que ponen un énfasis exagerado en las supuestas virtudes de un producto; sin embargo, no les otorgamos mucha credibilidad: vivimos relativamente “inmunizados” contra los afanes del márketing. Peor es el caso de prácticas divulgativas, vestidas con precarios argumentos científicos, cuyos efectos no solo atentan contra el bolsillo del consumidor, sino que también pueden afectar gravemente a su salud. Sería el caso de quienes defienden la efectividad de ciertas terapias, dietas milagro y tesis no contrastadas, entre las que se puede incluir la antivacunación.

Parece evidente que la remisión de enfermedades como la polio o la difteria mantiene una elevada relación con la mejora de las condiciones sanitarias de la población, pero, obviamente, la reaparición de dolencias anteriormente erradicadas en países con un alto nivel socioeconómico indica que existen más factores en juego. Muy a pesar de sus contraindicaciones y posibles efectos secundarios, la eficacia de las vacunaciones ha sido sancionada las autoridades mundiales de la salud y confirmada reiteradamente por los especialistas e investigadores más rigurosos.

Mientras un niño de Olot se debatía entre la vida y la muerte, sus padres lamentaban haber seguido la recomendación de movimientos antivacuna. Conviene recalcar la contradicción existente entre los intereses individuales y los colectivos, pues para evitar una epidemia es preciso que gran parte de la población alcance la inmunización. Y si bien alguna excepción no resulta alarmante, la generalización de esta postura, cuando menos calificable de egoísta, supone un serio peligro de involución. Todos somos responsables.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 12 de junio de 2015.

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