sábado, 21 de diciembre de 2013

Mujeres fantásticas.

Durante estas Navidades, heladoras para muchas familias, de las que algunas ni siquiera dispondrán de calefacción por impago del recibo de la electricidad, brillará una vez más con luz propia el resplandor de muchas mujeres que por sí solas impregnarán su hogar de calor.

Así, mientras los altavoces de los grandes centros comerciales prometen el paraíso, solo para quienes puedan costeárselo, claro, y Papá Noel se pasea en un exótico trineo colmado de regalos inaccesibles, infinidad de madres y abuelas se encargarán de que nada falte, al menos nada de verdad importante, cuando hijos y nietos se refugien en casa. Ellas no saben de vacaciones en estas fechas tan señaladas; muy al contrario, sus jornadas se dilatan en extremo y ven cómo las tareas se multiplican, en tanto que las nóminas, en el mejor de los casos, no se estiran y las exiguas pensiones tampoco dan para más. Pero a estas grandes heroínas la fatiga no las amilana; ni siquiera puede borrar de su rostro una sonrisa perenne. No conocen tregua y su entrega generosa es ilimitada, aunque ellas apenas le den importancia. Evidentemente, tampoco es valorada por las sucesivas Administraciones que han dirigido nuestro país: su ignota labor es invisible, no existe. Y, por tanto, carece de reconocimiento. Afirmaba Miguel Delibes que el trabajo de la mujer que lleva a cabo la crianza y educación de sus hijos, además de gestionar la economía doméstica, es al menos tan valioso como el trabajo remunerado con una nómina. ¿No merecería, al menos, su reconocimiento como periodo cotizable, ya que no una pensión? Muy al contrario, para las viudas todo se recorta menos el trabajo. ¿Habrán de pasar aún muchas navidades para que esto cambie?

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 20 de diciembre de 2013

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