La contaminación del aire es, junto con la obesidad, el problema más grave al que debe hoy enfrentarse la humanidad, según nos advierte María Neira, Directora del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS.
Las grandes urbes, donde se concentrará en 2050 más del 70% de la población mundial, constituyen un foco insalubre por culpa de emanaciones nocivas derivadas esencialmente del transporte y de la industria. Sabemos ya que el aire que respiramos en la calle puede ser tan pernicioso como el humo del tabaco, el cual, sin embargo, podemos eludir de forma voluntaria. Pero poco podemos hacer individualmente para defendernos de la contaminación ambiental, salvo reducir el recurso a vehículos privados en favor del transporte público y medios no contaminantes, como la bicicleta, ahora bien, siempre respetando la prioridad del peatón.
Caminar es la mejor solución para ambos problemas, la contaminación y la obesidad. Y hacerlo por zonas verdes nos proporciona una gratificación muy especial: los jardines públicos son algo más que decoración ciudadana o espacios de encuentro y esparcimiento; por desgracia, no siempre reciben la atención que merecen, tanto por los gerentes de su mantenimiento como, lo que aún es más lamentable, por parte de los usuarios.
Mientras soñamos con un entorno más verde al otro lado de nuestras ventanas, siempre será factible recurrir a la escapada como fórmula saludable para redimir el sedentarismo. Los sotos ribereños y el aire más puro están ahí mismo, muy cerca; mas, para quien se lo pueda permitir, cabe sugerir una visita al olvidado campo turolense, ese mismo que con tanto ingenio se anhela revitalizar desde las pantallas de Oregón TV.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 13 de diciembre de 2013
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