sábado, 26 de octubre de 2013

Lazo rosa.

La celebración del Día Internacional del Cáncer de Mama ha colmado la calle de lazos rosas, una risueña manifestación cuyo optimista triunfalismo está muy lejos de ser ampliamente compartido, además de que para muchas mujeres el símbolo rosado representa, ante todo, el recuerdo de un grave padecimiento cuyas secuelas les acompañarán de por vida.

Ciertamente, el tratamiento precoz y los avances de la medicina han conseguido atenuar la mortalidad derivada de esta enfermedad; sin embargo, no cesa de incrementarse el número de casos, cuya prevalencia se eleva ya por encima del 10%, en tanto que permanece desconocida la causa de tan perverso incremento. Muy lejana parece la erradicación de esta penosa dolencia y temo que durante demasiado tiempo todavía será preciso recurrir a una amarga amputación y al posterior tratamiento mediante radio y quimio terapia.

Los profesionales de la salud insisten una y otra vez en la prevención, ya que un diagnóstico temprano garantiza las mayores probabilidades de éxito. Pero ni tal procedimiento es infalible ni los medios utilizados totalmente inocuos. La victoria contra el cáncer de mama nunca será gratuita y en ese precio también está incluido el coste económico de la investigación, pero aun siendo de elevada cuantía los recursos orientados a la lucha contra esta enfermedad, se constata una desgraciada dispersión y carencia de coordinación en la comunicación de avances y resultados, sobre todo respecto de la cooperación internacional, evidencias tanto más lamentables en un mundo globalizado donde el compromiso en pro de la salud debería universalizarse. Mientras tanto, el brillo de esos festivos lazos será más de esperanza que de gloria.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 25 de octubre de 2013

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