sábado, 19 de octubre de 2013

Suspenso

Las conclusiones del Programa Internacional para la Evaluación de la Competencia de Adultos promocionado por la OCDE, equivalente del Informe PISA para la población escolar, deja a los españoles en muy mal lugar. Para ser exactos, dentro de los países considerados, entre los que se incluyen casi todos los europeos, somos los penúltimos en comprensión lectora y, si cabe, aún quedamos un poco peor en matemáticas.

Ser los más ineptos en cuanto a nuestra capacidad para realizar sencillos cálculos aritméticos o entender el recibo de la luz no es peor que la manifiesta impericia para comprender un texto medianamente complejo. Habrá que buscar culpables, ¿no?: pues ahí están la Ley General de Educación de 1970 y la LOGSE del 90. Pero el análisis de datos desagregados continúa evidenciando una marcada correlación entre el éxito de la educación y los recursos asignados a la misma, junto al desarrollo y tradición cultural de cada región. Además, tal vez la raíz del problema no resida tanto en la calidad de la enseñanza, como en la apatía y desinterés generalizado por todo lo que huela a cultura, reflexión o afinidad intelectual, efluvio indeseable al parecer. José Antonio Marina subraya, respecto de esta cuestión, la importancia de la colaboración entusiasta de toda la tribu, pero la respuesta del clan es rotunda: ¡aúpa la tele basura!, al tiempo que la junta de chamanes opta por despachar a horarios inhóspitos los espacios que ofrecen aspiraciones más elevadas. Y ello aun cuando es constatable una honrosa inclinación hacia el aprendizaje y la educación permanente por parte de un notable sector de la población adulta.

Bendecir la quincallería y estigmatizar la erudición solo lleva al suspenso.

Publicado en El Periódico de Aragón, el 18 de octubre de 2013

No hay comentarios:

Publicar un comentario