sábado, 1 de junio de 2013

Pensionistas en precario.

El miedo sufrir recortes en la pensión generada a través de una vasta trayectoria laboral parece justificado, a tenor de unas y otras declaraciones que, de tanto en tanto, nos brinda el otrora boyante Estado. Se diría que solo un hilo, eso sí, integrado por más de nueve millones de votos, sostiene un sistema amenazado por la voraz tijera de Damocles.

Para los pensionistas no existe vuelta atrás: ya no pueden elegir otra modalidad optativa o suplementaria para asegurar sus ingresos en la vejez. Aún lo tienen peor las viudas, que ven su peculio reducido al 60% cuando inician su luctuosa etapa en soledad. Y también es sombrío el mañana de todas esas familias en paro que sobreviven hoy merced a la endeble pensión del abuelo.

Se aduce que la prolongación de la esperanza de vida tiende a desestabilizar el sistema, pero no es menos cierto que los actuales pensionistas ya se han pagado su retribución y lo habrán hecho con creces, a menos que lleguen a centenarios. La vida de nuestros mayores, la nuestra dentro de algún tiempo, ha sido muy dura; saben de austeridad y sacrificios, de carencias y privaciones, mas todo lo ignoran de ingeniería financiera, especulación o dinero fácil. Y, cuando extenuados por subsistir en un ámbito mucho más hostil que el actual, solo aspiraban a un plácido retiro, ven turbado su horizonte por oscuros nubarrones que se expanden sin misericordia a diestra y siniestra, con la pretensión de cargar sobre sus frágiles espaldas el peso de una crisis de la que solo se sienten víctimas.

Su futuro, diluido en un presente adverso, se desvanece como una pompa de jabón acribillada por falacias, medias verdades y amenazas veladas. ¡Ay, si no fuera por esos nueve millones de votos!

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 31 de mayo de 2013

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