sábado, 22 de junio de 2013

Literatura entre minas.

Es hermoso viajar a hombros de la literatura, en especial cuando el destino es un paraje tan maravilloso como las Cuencas mineras, en cuyo entorno sorprende el apego al libro que muestra su población, escasa en habitantes pero dilatada en cuanto al amor por la cultura. ¿Cuál es el origen y con qué se alimenta esa pronunciada trayectoria de afecto al libro?

Nada sería posible sin la dedicación de unos educadores de personas adultas, que ejercen su función con una entrega solo posible desde una marcada vocación. Su labor recuerda a la de aquellos maestros rurales, artífices del desarrollo milagroso de las letras en los pequeños enclaves excluidos del empuje urbanita. Pero, ahora, el alumnado no es infantil, sino integrado por adultos ávidos de ampliar su horizonte, con un brío y tesón en franco contraste con la cómoda impasibilidad de quienes tienen más fácil el acceso a las oportunidades culturales.

También es muy loable el empeño de Joaquín Casanova, editor, por acercar libros y autores aragoneses al mundo rural. Su entusiasmo por nuestra tierra mueve montañas, hasta el punto de que resulta insólita su autoridad y capacidad de maniobra, lejos de los grandes focos editoriales del país.

Y, por fin, ese increíble alumnado, mayoritariamente femenino, que hace una fiesta del aprendizaje y se aplica con maravilloso entusiasmo a su florecimiento como personas. Sorprende en sí mismo el porcentaje de la población involucrada en las clases, así como asombra su capacidad de trabajo y ductilidad para absorber ideas muy dispares, con una tolerancia y criterio que quisiera ver más a menudo en nuestra sociedad. En esta comarca, no solo hay minas de carbón; su mejor filón está forjado por esos habitantes tan voluntariosos.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 21 de junio de 2013

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