sábado, 4 de mayo de 2013

Reinventar las cajas de ahorros.

Una y otra vez asistimos al renacimiento de iniciativas que no son sino reflejo de viejas ideas, a veces lamentablemente prescritas. Es el caso de la banca ética y su modelo altruista y solidario.

En 1834 nació la primera Caja de Ahorros, pronto secundada por muchas más. Llegaron como instrumentos de lucha contra la usura y directamente vinculadas a la prosperidad de la población menos acaudalada. Sus nobles ideales las obligaban a reinvertir los beneficios obtenidos en obras sociales y durante muchas décadas propiciaron el progreso y desarrollo de amplios estratos de la sociedad. Tras muchos años de estricta regulación, la trayectoria de las Cajas se aproximó a la de la banca tradicional hasta casi confundirse con ella; en el camino quedó su esencia fundacional: la proximidad con los pequeños ahorradores y los más desfavorecidos.

La desconfianza en los gestores; el abuso de comisiones y condiciones impuestas unilateralmente o el despilfarro de recursos por parte de estas entidades se une al profundo descontento de una población sometida a la espiral de una crisis que no hace sino imponer cada día un yugo más pesado: dificultad para acceder a una pensión —con la que llegan a sobrevivir varias familias—, y periodos más dilatados de cotización; más cargas impositivas y, por encima de todo, un paro creciente en el que yace asfixiada más de una cuarta parte de la población activa.

Las Cajas nos han fallado cuando más falta hacían. Por eso ha llegado la banca ética, que aspira a jugar el papel social que las Cajas desempeñaron antaño. Arriban proyectos como Fiare o Triodos, que habrán de abrirse camino envueltos en desconfianza e incredulidad. Estamos reinventando las Cajas de ahorro.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 3 de mayo de 2013

No hay comentarios:

Publicar un comentario