En el Palacio de la Aljafería se entregaron el martes la Medalla de las Cortes, a la Real Sociedad Económica Aragonesa de Amigos del País, y el Premio Aragón, que este año ha recaído en la ONCE, dos organizaciones de amplio arraigo en nuestra Comunidad. Pero si es innegable el relevante papel que la primera ha jugado en el desarrollo de Aragón, la ONCE, en el 75º aniversario de su fundación, representa el triunfo del tesón, del coraje y de la ilusión por parte de un sector que en tiempos pretéritos fue víctima de marginación social.
Hoy, la ONCE es un símbolo bajo cuyo paraguas encuentran cobijo tanto las personas con deficiencia visual como todas aquellas que padecen algún tipo de diversidad funcional, es decir, que se han visto forzadas a desarrollar otras habilidades para compensar la pérdida de alguna función física, sensorial o intelectual.
No se debe, ni es justo, igualar lo que es desigual; por eso tiene sentido la discriminación positiva y los baremos diferenciales para el acceso a servicios y prestaciones; la erradicación de barreras y, en suma, el esfuerzo de una sociedad por facilitar la convivencia entre todos sus miembros, sean cuales fueren sus condicionantes.
La ONCE nació en 1938, en plena contienda civil, una crisis infinitamente más grave que la actual; desde entonces ha generado 80.000 puestos de trabajo, 4.000 de ellos durante el último año. Su objetivo era y sigue siendo la plena integración de las personas que sufren alguna privación funcional; pero para estas, aun siendo inmenso el camino recorrido y los logros alcanzados, todo continúa siendo más difícil. Por ello, para la ONCE nunca es tiempo de complacencia, sino de perseverancia. Como en los últimos 75 años.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 26 de abril de 2013
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