sábado, 9 de marzo de 2013

Tiempo de optimismo

Nadie te va a sacar las castañas del fuego, reza un dicho popular, especialmente válido en estos tiempos de zozobra, cuando la espiral del paro parece agostar cualquier destello de esperanza.

Indudablemente, y sin que ello suponga dejar de exigir a nuestros representantes un marco realista para solucionar los grandes problemas sociales y lidiar con la falta de empleo, no es tiempo para quedarse cruzado de brazos a la espera de un maná que los poderes públicos se muestran incapaces de proporcionar. Es esta la oportunidad del optimismo creativo, que se esfuerza por desbrozar caminos presuntamente impracticables; la de la imaginación, al servicio de nuevas formas de ganarse las habichuelas. Y no faltan ejemplos, como el de la recuperación de pequeñas industrias y oficios artesanales; es el caso de las costureras, modistas y tiendas para el arreglo de vestimenta, que, además, cumplen una función de alto valor ecológico, equiparable a la que desarrollan los nuevos hornos de pan tradicional o los agricultores de pequeños cultivos, libres de pesticidas y transformaciones o aditivos sospechosos, para brindarnos productos frescos al margen de largos y oscuros procesos de intermediación y, sobre todo, de la cruel especulación alimentaria que la globalización quiere imponer en favor de las grandes empresas que cotizan en bolsa, y que en la práctica ha supuesto un escalofriante manantial de pobreza y hambre en el mundo.

Si ha llegado la hora de implantar un nuevo modelo productivo, estos ejemplos que aúnan antiguas prácticas e innovación mueven al optimismo. Nadie les va a regalar nada; lo único que piden es la reducción de trabas administrativas y una mínima defensa frente al abuso de los bribones.

Publicado en El Periódico de Aragón, el 8 de marzo de 2013

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