sábado, 30 de marzo de 2013

Separar el grano de la paja.

Día a día, golpe a golpe, se cierne sobre todos nosotros el latigazo de la codicia, lacerando con saña las espaldas más vulnerables. Nadie se libra de esta crisis, tanto peor cuanto más desprotegidos, y todos recibimos los verdugazos con dolido estoicismo, confiados en que esta locura finalizará pronto.

Mas se alzan demasiadas voces airadas proclamando su enojo mientras cargan plural e indiscriminadamente contra todos los políticos, todos los constructores, todos los banqueros, jueces, docentes, profesionales de la salud… en la ignorancia de que muchos miembros de tales colectivos han pagado y seguirán pagando un altísimo precio para evitar el desmoronamiento del estado del bienestar, enfrentándose con valentía y honradez a la corrupción y al abuso, mientras que algunos miran hacia otro lado o reclaman su parte del botín.

Están de sobra, sí, privilegios y privilegiados de la iniquidad; burladores del orden desde su escaño, arquitectos del oprobio, negociantes de lo ajeno, falsos valedores y voceros iletrados. Sobran los que eluden impuestos y esconden bienes; quienes navegan en fantásticos cruceros y se cuelgan brillantes medallas mientras que la ciudadanía nada contracorriente soñando con la solidaridad para eludir el foso del hambre. Estamos cansados, muy cansados, de tanta tempestad que otros han provocado, refugiados en paraísos blindados desde donde planean prolijamente su nuevo atraco.

Los bucaneros de hoy pretenden encubrirse hinchando una gran burbuja de vagas inculpaciones, donde la verdad fenece por inanición. Por eso, más que nunca, es preciso separar el grano de la paja: las denuncias generalizadas y difusas, además de arbitrarias, constituyen el mejor cobijo para los piratas.


Publicado en El Periódico de Aragón, el jueves 28 de marzo de 2013

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