sábado, 5 de enero de 2013

Rita Levi-Montalcini

Junto con el Año viejo, también desapareció una figura excepcional, Rita Levi-Montalcini, que fallecía en Roma a los 103 años de edad, 26 después de recibir el Nobel de Medicina.

Rita fue una mujer excepcional que trazó en época muy temprana de su vida las coordenadas que guiarían su existencia, siempre subordinadas a su consagración absoluta a la investigación científica; una vocación excluyente que no le permitió formar familia, pero que, a cambio, nos ha brindado valiosísimos avances en el conocimiento de cómo funciona nuestro cerebro y el descubrimiento del factor de crecimiento neuronal, lo que le valió el galardón más preciado de la ciencia.

Si Rita es un gran ejemplo en cuanto a su dedicación profesional y la suya una trayectoria moldeada por la tenacidad y el esfuerzo, no lo es menos por su devoción a los valores humanos y a los principios éticos que rigen el comportamiento, fruto de todo lo cual nació una fundación orientada a la educación de las mujeres jóvenes, sobre todo en África.

Rita, comprometida con la equidad de género y la dignidad de todos los seres humanos, nunca se jubiló, como tampoco lo hacen las amas de casa. Y, ahora, se ha marchado con un rictus amargo, porque todavía la mujer ha de pagar un elevado precio por alcanzar los objetivos profesionales de más alto nivel, difícilmente compatibles con la maternidad, lo que implica un duro e indeseable sacrificio, a veces imposible de asumir. Cuando la mujer ha conquistado significativas cotas de igualdad en nuestra sociedad, aún restan ciertos escollos que infligen penosas renuncias y hacen de los estratos sociales más influyentes un área restrictiva, mayoritariamente colonizada por los varones.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 4 de enero de 2013

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