sábado, 12 de enero de 2013

De rebajas.

Después de Reyes, las rebajas. Están ya tan arraigadas como la misma Navidad y pretenden prorrogar en los comercios la concurrencia propia de las fechas precedentes; aún más, en tiempo de crisis y con la capacidad adquisitiva significativamente reducida, es previsible un mayor éxito de la campaña, así como un ajuste muy acentuado de los precios.

Como era de esperar, grandes carteles con alusiones a portentosos descuentos inundan escaparates y expositores; seductoras ofertas nos asaltan por doquier y la eterna falacia de la ganga acecha a compradores ilusos. El espectáculo de las rebajas hace ostentación, una vez más, de las notas que lo definen: clientela que se ha probado y escogido anteriormente prendas de las cuales todo, menos el precio, le sentaba bien; economistas domésticos obstinados en cuadrar el presupuesto familiar a toda costa; sempiternos devotos de estas oportunidades mágicas; y, cada vez más, compradores a los que no les queda otra opción que acogerse a las rebajas por razones de estricta supervivencia. Los grandes centros comerciales saben que tienen garantizado un consumo con el que aliviar su cuenta de resultados; no así el pequeño comercio, en trance de desaparecer y obligado a sustituir una oferta menos competitiva en ciertos aspectos mediante una atención esmerada, no siempre bien valorada. Pero si algún día las pequeñas tiendas se eclipsan, las echaremos de menos, igual que ha de suceder con las Cajas de Ahorros.

Por desgracia, también están de rebajas las prestaciones sociales, solo que en esta ocasión ni mucho menos es el precio lo que se reduce, sino los servicios recibidos. Y, para mayor desventura, estas rebajas no finalizarán en febrero.

Publicado en El Periódico de Aragón, el 11 de enero de 2013

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