Por fin la estación internacional de Canfranc pertenece a Aragón. Se abre así un paréntesis cuyo contenido está por dilucidar y abierto a toda clase de especulaciones, pero, al menos, se podrá evitar que tan vetusto como monumental edificio se desmorone piedra a piedra ante la mirada atónita de foráneos y autóctonos.
¿Y qué hacemos ahora con la estación? Las locomotoras francesas, esas mismas que hace no muchos años se mostraban tan remisas a escalar los Pirineos, circulan ya por vías renovadas entre Pau y Olorón; pronto dormirán en Bedous y ya miran a Canfranc. Al otro lado del túnel internacional y tras la venta de la estación por parte de Fomento, ha resurgido la potencial unión entre los centros de esquí del valle del Aragón y Formigal: después del triste devenir que ha padecido Candanchú, nos despertamos con una doble amenaza a la Canal de Izas y a la Canal Roya, amén de un mega aparcamiento del que todavía apenas se habla.
A pesar de todo, comunicaciones, turismo y esquí han revitalizado aquellos enclaves amparados por estos factores, en tanto que otros valles se han visto sumidos en el olvido y aislados del desarrollo. Las infraestructuras tienen un elevado coste ecológico, pero son sinónimo de vida para la montaña. ¿Merece la pena pagar tan alto precio? Nunca será fácil responder a tal cuestión, pero, mientras tanto, sean bienvenidas la altura de miras, la transparencia y el consenso.
Y confiemos que, siquiera por una vez, queden en el baúl de los recuerdos las viejas querellas, los bolsillos sin fondo y los agujeros negros que todo lo engullen. Todos, en nuestra maravillosa diversidad, somos y hacemos Aragón. A ello debemos aplicarnos. Sin complejos; sin resabios. En Canfranc.
Publciado en El Periódico de Aragón, el 18 de enero de 2013
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