La investigación es el pilar fundamental para un desarrollo y crecimiento económico sólido: la investigación en áreas como la sanitaria está directamente relacionada con el bienestar de la ciudadanía; igualmente, en los campos industrial y tecnológico es el germen de notables avances en los procesos productivos; de la investigación dependen, además, temas de tan suma trascendencia como el análisis de los riesgos ecológicos que amenazan al planeta, así como los medios para solventarlos.
Mucho se habla, aunque quizá no lo suficiente, acerca de la necesidad de cambiar la estructura productiva de nuestro país, asumiendo un modelo y gestión del conocimiento como clave para generar riqueza y un desarrollo estable, además de vigoroso y sostenible. Mucho se habla, pero poco o nada se hace y aún menos desde una perspectiva a largo plazo, subordinada a los rigores de la inmediatez. Sin embargo, aquí y allá no cesan de encenderse fugaces, aunque significativas, luces de esperanza.
En Aragón, el ITA desarrolla una encomiable labor al respecto, en tanto que Aitiip, centro tecnológico aragonés, lidera un magnífico proyecto europeo, Megarob, al que recientemente se refería Arturo Aliaga para subrayar la importancia de un adecuado florecimiento industrial. Megarob constituye el paradigma perfecto de la colaboración entre entes públicos y empresas privadas; la traducción del universo teórico en aplicaciones prácticas, que es lo que demandan y resulta útil para las empresas.
Cuando tanto recelo inspira la competencia de una mano de obra barata, la deslocalización y otros factores que priman la producción a bajo coste por encima de la calidad, el camino es precisamente el opuesto: el futuro está en la investigación.
Publicado en El Periódico de Aragón, el 23 de noviembre de 2012
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